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Jesús y la limosna
1 «Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de la gente para que los vean; de lo contrario, no recibirán recompensa de su Padre que está en los cielos.
2 Así que, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para recibir la alabanza de la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. 3 Pero tú, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Jesús y la oración
Oración relacionada con 6:9–13: Lucas 11:1–4.
5 Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para que la gente los vea. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. 6 Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
7 Al orar, no usen repeticiones vacías como los paganos, que piensan que serán escuchados por sus muchas palabras. 8 No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan.
La oración que Jesús enseña
9 Ustedes oren así:
“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra.
11 Danos hoy nuestro pan de cada día.
12 Perdona nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
13 No nos lleves a la tentación, sino líbranos del maligno”.
14 Porque si perdonan a los demás sus ofensas, su Padre celestial también los perdonará a ustedes. 15 Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco su Padre perdonará sus ofensas.
Jesús y el ayuno
16 Cuando ayunen, no pongan cara triste como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lávate el rostro, 18 para que no sea la gente quien vea que ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Tesoros en el cielo
Enseñanza relacionada: Lucas 12:32–34.
19 No acumulen tesoros para ustedes en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen y donde los ladrones abren boquetes y roban. 20 Acumulen, más bien, tesoros para ustedes en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen y donde los ladrones no abren boquetes ni roban. 21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
La mirada que orienta toda la vida
Enseñanza relacionada: Lucas 11:33–36.
22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. 23 Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué grande es esa oscuridad!
Dios y las riquezas
Enseñanza paralela: Lucas 16:13.
24 Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al dinero.
El afán y la ansiedad
Enseñanza relacionada: Lucas 12:22–31.
25 Por eso les digo: no se preocupen por su vida, por lo que comerán, ni por su cuerpo, por lo que vestirán. ¿No vale la vida más que el alimento, y el cuerpo más que la ropa? 26 Miren las aves del cielo: no siembran, no cosechan ni recogen en graneros, y su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir un solo momento a su vida? 28 ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. 29 Pero les digo que ni Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos. 30 Si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy existe y mañana se echa al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? 31 Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?”, “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?”. 32 Porque los paganos buscan todas estas cosas; su Padre celestial sabe que necesitan todas ellas. 33 Pero busquen primero su reino y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 34 Así que no se preocupen por el mañana, porque el mañana se preocupará de sí mismo. Basta a cada día su propio mal».