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1 Luego el segundo, el que había dicho que el rey era lo más fuerte, empezó a hablar: 2 “Señores, a poco no son los más fuertes los hombres que mandan en el mar y en la tierra, y en todo lo que hay ahí? 3 Pero todavía el rey es más fuerte. Él es el patrón y manda sobre todos ellos. Y lo que él les ordene, se lo cumplen. 4 Si los manda a pelearse unos contra otros, lo hacen. Si los manda contra los enemigos, van y le ganan a montañas, bardas y torres. 5 Matan y los matan, y no se rajan con las órdenes del rey. Si ganan la pelea, le llevan todo al rey: todo lo que se robaron y lo que caiga. 6 Y pasa lo mismo con los que no son soldados, y que no andan metidos en pleitos, sino que se dedican a sembrar; cuando ya cosechan lo que sembraron, le llevan una parte al rey y se exigen unos a otros pagarle sus impuestos. 7 ¡Y es un solo hombre! Si él manda a la gente a matar, matan. Si les dice que los perdonen, perdonan. 8 Si los manda a golpear, golpean. Si los manda a dejar todo en ruinas, lo dejan en ruinas. Si los manda a construir, construyen. 9 Si los manda a tumbar árboles, los tumban. Si los manda a sembrar, siembran. 10 Así que toda su gente y sus ejércitos lo obedecen. Y encima, él se acuesta, come y toma, y descansa bien a gusto; 11 y todos ellos se quedan cuidándolo. Ninguno se puede ir a hacer sus propios pendientes. En nada le desobedecen. 12 Señores, ¿cómo no va a ser el rey el más fuerte, viendo que todos le hacen tanto caso?” Y ahí le paró.
13 Luego el tercero, el que había hablado de las mujeres y de la verdad, (que era Zorobabel) se soltó hablando: 14 “Señores, a poco no es grande el rey, y somos un montón de hombres, ¿y no está fuerte el vino? ¿Pero quién es el que manda a todos, o el que los trae cortitos? A poco no son las mujeres? 15 Las mujeres fueron las que parieron al rey y a toda la gente que manda en el mar y en la tierra. 16 Todos salieron de las mujeres. Ellas fueron las que criaron a los que sembraron las viñas, que es de donde sale el vino. 17 Ellas también les hacen la ropa a los hombres. Y eso los hace verse bien. Sin las mujeres, no existirían los hombres. 18 Y fíjense, si un hombre ya juntó oro, plata y cuanta cosa bonita se imaginen, y de repente ve a una mujer que está bien bonita de cara y cuerpo, 19 suelta todas esas cosas y se queda con la boca abierta viéndola, nomás echándole ojo. Todos andan más desesperados por ella que por el oro, la plata, o cualquier otra cosa bonita. 20 Un hombre deja a su propio papá que lo crió, y deja su país, para irse a juntar con su mujer. 21 Y con ella se queda hasta que se muere, y ya ni se acuerda de su papá, ni de su mamá, ni de su país. 22 Con esto tienen que darse cuenta de que las mujeres son las que los dominan. A poco no se parten el lomo trabajando, ¿y todo lo que sacan se lo van a dar a las mujeres? 23 Es más, un hombre agarra su espada y se va de viaje a robar, a asaltar, y a andar navegando por el mar y por los ríos. 24 Se topa con leones y anda a oscuras. Y ya que robó, asaltó y se llevó todo, va y se lo entrega a la mujer que quiere. 25 Por eso un hombre quiere más a su esposa que a su papá o a su mamá. 26 Uy, y cuántos no han perdido la cabeza por las mujeres, y se vuelven sus esclavos con tal de complacerlas. 27 Un montón han perdido la vida, han metido la pata, y han pecado, por culpa de las mujeres. 28 ¿A poco no me creen? ¿Qué no es grande el rey por todo su poder? ¿A poco no le tienen miedo en todos lados y nadie se atreve a tocarlo? 29 Y aún así yo lo vi a él con Apame, su amante, que es la hija del famoso Barticus, y ella estaba sentada a la derecha del rey, 30 y que le quita la corona de la cabeza, y se la pone ella misma. Y todavía le dio un manotazo al rey con la izquierda. 31 Y el rey nomás se le quedaba viendo con la boca abierta. Si ella le sonreía, él se reía. Pero si ella se enojaba por algo, él luego luego se ponía a barbearla para contentarla. 32 Señores, a poco no van a estar fuertes las mujeres, viendo las cosas que hacen?”
33 Y el rey y la gente importante se voltearon a ver unos a otros. Y entonces él empezó a hablar sobre la verdad. 34 “Señores, a poco no son fuertes las mujeres? La tierra está inmensa. El cielo está altísimo. El sol va rapidísimo, da la vuelta por el cielo, y regresa a donde empezó en un solo día. 35 ¿A poco no es grande el que hace todas estas cosas? Así que la verdad es grande, y más fuerte que todo. 36 Toda la tierra pide a gritos la verdad, y el cielo la bendice. Todas las cosas tiemblan y se sacuden, pero con la verdad no hay nada que sea injusto. 37 El vino es tramposo. El rey es injusto. Las mujeres no son parejas. Todos los hijos de los hombres fallan, y todo lo que hacen está chueco. No traen la verdad con ellos. Y se los va a llevar la tristeza por andar haciendo cosas injustas. 38 Pero la verdad se queda, y es fuerte para siempre. La verdad vive y siempre sale ganando. 39 Con la verdad no hay favoritos ni se venden por dinero, sino que la verdad hace lo que es justo, y no anda con cosas chuecas ni mal hechas. A todos les gustan las cosas que hace la verdad. 40 Cuando la verdad juzga, no hay trampa. La verdad es la fuerza, el reino, el poder, y la grandeza de todas las épocas. ¡Bendito sea el Dios de la verdad!”
41 Y cuando dijo eso, se calló. Y todos empezaron a gritar: “¡Qué grande es la verdad, y le gana a todas las cosas!”
42 Entonces el rey le dijo: “Pide lo que quieras, hasta más de lo que apuntamos en el papel, y te lo vamos a dar, porque saliste el más inteligente. Te vas a sentar junto a mí, y vas a ser como de la familia.”
43 Y él le dijo al rey: “Acuérdese de lo que prometió, de que iba a construir Jerusalén el día que llegara a ser rey, 44 y de regresar todas las cosas que se robaron de Jerusalén, que Ciro apartó cuando juró que iba a destruir Babilonia, y prometió regresarlas para allá. 45 Usted también juró construir el templo que los edomitas quemaron cuando los caldeos hicieron pedazos Judea. 46 Así que, señor rey, esto es lo que le encargo y lo que quiero pedirle, y aquí es donde se va a ver su generosidad de rey: le pido que cumpla lo que prometió, lo que usted mismo juró con su propia boca delante del Rey del Cielo.”
47 Entonces el rey Darío se paró, le dio un beso, y le hizo cartas para todos los tesoreros, gobernadores, capitanes y autoridades locales, para que le dieran un buen viaje a él y a todos los que iban a subir con él a construir Jerusalén. 48 También les escribió a todos los gobernadores que andaban en Celesiria y Fenicia, y a los del Líbano, para que trajeran madera de cedro del Líbano a Jerusalén, y le echaran la mano para construir la ciudad. 49 Aparte, dejó escrito que todos los judíos que salieran de su país para ir a Judea iban a estar libres, y que ningún policía, ni gobernador, ni tesorero se metiera a la fuerza a sus casas, 50 y que todas las tierras que agarraran iban a ser libres de impuestos para ellos, y que los edomitas tenían que soltar las aldeas de los judíos que tenían agarradas en ese tiempo, 51 y que se les dieran veinte talentos por año para construir el templo, hasta que lo acabaran, 52 y otros diez talentos por año para los animales que se iban a quemar en el altar todos los días, porque la orden era hacer diecisiete ofrendas, 53 y que todos los que vinieran de Babilonia a construir la ciudad iban a ser libres, ellos y sus hijos, y todos los sacerdotes que llegaran. 54 Y dejó escrito que les dieran dinero para vivir y la ropa de sacerdotes que usaban para su servicio. 55 Para los levitas también dejó escrito que les dieran para sus gastos hasta el día en que terminaran el templo y acabaran de construir Jerusalén. 56 Ordenó que les dieran terrenos y su sueldo a todos los que cuidaban la ciudad. 57 Y también mandó sacar de Babilonia todas las cosas que Ciro había apartado, y todo lo que Ciro había mandado que se hiciera, él también ordenó que lo cumplieran y que mandaran todo para Jerusalén.
58 Y cuando este chavo salió de ahí, volteó al cielo para el lado de Jerusalén, y le dio gracias al Rey del cielo, 59 diciendo: “De ti viene la victoria. De ti viene la inteligencia. Tuya es la gloria, y yo soy tu servidor. 60 Bendito seas tú, que me diste sabiduría. Te doy las gracias, Señor de nuestros antepasados.” 61 Así que agarró las cartas, salió, llegó a Babilonia, y le platicó a toda su familia. 62 Y ellos le dieron gracias al Dios de sus antepasados, porque les había dado la oportunidad y la libertad 63 de subir y construir Jerusalén y el templo que lleva su nombre. Y armaron un fiestón con música y mucha alegría por siete días.