5
Entonces mandó llamar a Hermón, que era el encargado de los elefantes. Lleno de coraje y aferrado por completo a su plan furioso, le ordenó que para el día siguiente muy temprano les diera de tomar a los elefantes un montón de vino puro revuelto con puñados de incienso. Estos quinientos elefantes, cuando ya anduvieran furiosos por haber tomado tanto de esa mezcla, debían ser llevados para matar a los judíos. El rey, después de dar estas órdenes, se fue a su fiesta y juntó a todos los de sus amigos y del ejército que más odiaban a los judíos. El encargado de los elefantes, Hermón, cumplió con la orden al pie de la letra. Los sirvientes que pusieron para esto salieron ya cayendo la tarde y le amarraron las manos a las pobres víctimas, tomando también otras medidas de seguridad para la noche, creyendo que toda esta gente iba a morir al mismo tiempo. Los paganos creían que los judíos ya estaban sin ninguna protección, porque los tenían encadenados. Pero ellos invocaron al Señor Todopoderoso, y sin parar de llorar le suplicaron a su Dios y Padre misericordioso, que es quien manda sobre todo y es Señor de todo poder, para que echara abajo el plan tan malo que se había armado contra ellos, y para que los librara, de una manera extraordinaria, de esa muerte que ya les tenían preparada. Sus ruegos urgentes llegaron hasta el cielo. 10 Entonces Hermón, que ya había llenado a sus despiadados elefantes con muchísima bebida de vino mezclado e incienso, llegó temprano al palacio para darle el reporte de lo que había preparado. 11 Pero Dios, que desde siempre nos manda la bendición del sueño, ya sea de día o de noche, dándoselo al que Él quiere, hizo que le cayera un poco de sueño al rey. 12 Por esta influencia tan dulce y profunda del Señor, el rey se quedó bien dormido, y de esta manera su plan tan injusto se vino abajo y su terquedad quedó en nada. 13 Por su parte, los judíos, al haberse salvado de la hora que ya estaba fijada, alabaron a su Dios santo y le volvieron a rogar, a Él que es fácil de reconciliar, que les demostrara el poder de su mano fuerte a esos arrogantes paganos. 14 Ya casi daban las tres y media de la tarde cuando el que mandaba las invitaciones, viendo que ya estaban ahí los invitados, se acercó y zarandeó al rey. 15 Le costó mucho trabajo despertarlo, y diciéndole que la hora de comer ya se estaba pasando, platicó con él sobre el asunto. 16 El rey escuchó esto, y volviendo otra vez a su bebida, les ordenó a los invitados que se sentaran con él. 17 Ya hecho esto, les pidió que disfrutaran y se alegraran en esta hora de la comida, que ya se había hecho un poco tarde. 18 La plática siguió, y el rey mandó llamar a Hermón y le reclamó muy enojado, preguntándole por qué habían dejado vivos a los judíos otro día más. 19 Hermón le explicó que él había cumplido sus órdenes en la noche; y los amigos del rey lo confirmaron. 20 El rey, entonces, más salvaje que el mismo Fálaris, dijo: “Pues que le den gracias a que me quedé dormido este día. Pero no pierdan el tiempo, y tengan listos a los elefantes para mañana, igual que le hicieron antes, para acabar con estos malditos judíos”. 21 Cuando el rey dijo esto, la gente que estaba con él se alegró y le dio la razón. Y luego cada quien se fue para su casa. 22 Pero en la noche no se durmieron, sino que se la pasaron planeando burlas muy crueles para esta pobre gente. 23 Apenas cantaba el gallo de la mañana cuando Hermón, ya habiendo preparado a los animales, los andaba alborotando en los grandes corredores. 24 Toda la gente de la ciudad se juntó para ver aquel espectáculo tan feo, y esperaban el amanecer con muchas ansias. 25 Los judíos, aguantando la respiración por los nervios del momento, levantaron sus manos y le pidieron al Dios Supremo, con mucha tristeza, que los volviera a ayudar pronto. 26 Apenas iba a salir el sol y el rey estaba esperando a sus amigos cuando Hermón se le acercó, hablándole y diciéndole que ya podía cumplir su deseo. 27 El rey lo recibió, pero se sorprendió de su invitación tan extraña. Estando como perdido y sin acordarse de nada, le preguntó de qué se trataban todos esos preparativos. 28 Pero esto era obra del Dios Todopoderoso que le había borrado de la mente todo su plan. 29 Hermón y todos sus amigos le mostraron cómo estaban listos los animales. “Ya están listos, oh rey, tal como tú mismo nos lo ordenaste”. 30 El rey se puso furioso al oír esto, porque Dios había hecho que su mente se confundiera por completo. Se le quedó viendo feo a Hermón y lo amenazó diciéndole: 31 “Si tus papás o tus hijos estuvieran aquí, se los echaría de comida a estos animales salvajes, y no a estos judíos inocentes que siempre nos han servido bien, a mí y a mis antepasados. 32 Y si no fuera porque te conozco de hace mucho y por el puesto que tienes, te hubiera quitado la vida en lugar de la de ellos”.
33 A Hermón se le fueron los colores y bajó la cabeza al recibir esta amenaza tan fuerte y que no se esperaba. 34 También los amigos se fueron saliendo uno por uno, y mandaron a la gente que estaba ahí reunida a que se fueran a hacer sus cosas. 35 Los judíos, al enterarse de lo que había pasado, alabaron al Dios glorioso y Rey de reyes, porque también habían recibido de Él esta gran ayuda. 36 Ahora bien, el rey armó otra fiesta igual a las demás, y los invitó a todos a pasar un buen rato. 37 Mandó llamar a Hermón y, amenazándolo, le dijo: “¿Cuántas veces, desgraciado, te tengo que repetir la orden sobre esta misma gente? 38 ¡Otra vez, ten listos los elefantes para acabar con los judíos mañana!” 39 Sus familiares que estaban ahí sentados con él, viendo cómo cambiaba de opinión a cada rato, le dijeron esto: 40 “Oh rey, ¿hasta cuándo nos vas a estar probando, como si no tuviéramos cerebro? Ya van tres veces que ordenas destruirlos, y a la mera hora, cuando ya se va a hacer, te echas para atrás y quitas la orden. 41 Por todo esto, el estar esperando tiene a la ciudad de cabeza. Está llena de grupos peleando, y a cada rato están a punto de saquearla”.
42 El rey, actuando igualito que otro Fálaris y sin pensar las cosas, no tomó en cuenta las veces que había cambiado de opinión para dejar libres a los judíos. Hizo un juramento que no valía nada, y decidió mandarlos al Hades de una vez por todas, aplastados por las rodillas y las patas de los elefantes. 43 También dijo que iba a invadir Judea, que iba a quemar y destruir todas sus ciudades a espada, que iba a acabar con el templo al que los paganos no podían entrar, y que no iba a dejar que se volvieran a ofrecer sacrificios ahí nunca más. 44 Muy contentos, sus amigos y familiares se fueron; y, confiando en su decisión, acomodaron a los soldados para vigilar los lugares clave de la ciudad. 45 El encargado de los elefantes volvió casi locos a los animales, los empapó de vino con incienso y los adornó con cosas espantosas. 46 De mañanita, cuando la ciudad estaba a reventar de gente en el hipódromo, él entró al palacio y llamó al rey para arreglar el asunto. 47 El rey traía el corazón lleno de un coraje sin medida; y se fue corriendo con la gente, junto con los elefantes. Con el corazón duro y sin nada de lástima, se moría de ganas por ver el destino tan triste y cruel de esos judíos que ya mencionamos. 48 Pero los judíos, cuando los elefantes salieron por la puerta seguidos por los soldados, al ver la polvareda que levantaba la gente y escuchar los gritos de la multitud, 49 pensaron que ya habían llegado al final de sus vidas, al final de lo que tanto miedo les daba esperar. Se soltaron llorando y dando de gritos. Se empezaron a despedir de beso. Los familiares más cercanos se abrazaron por el cuello—los papás abrazaban a sus hijos y las mamás a sus hijas. Otras mujeres se ponían a sus bebés en el pecho para que tomaran la que parecía ser su última leche. 50 Pero, cuando se acordaron de la ayuda que les había caído antes del cielo, todos juntos se tiraron al suelo, quitaron a los bebés de sus pechos, y 51 soltaron un grito muy fuerte pidiéndole al Señor de todo poder que se mostrara y tuviera piedad de los que ya estaban a las puertas del Hades.