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Este argumento es de lo más ridículo, porque la razón no parece gobernar sobre sus propios afectos, sino sobre los del cuerpo. Es decir, puede que cualquiera de ustedes no sea capaz de arrancar de raíz el deseo, pero la razón los va a ayudar a no hacerse esclavos de él. Uno tal vez no pueda arrancar el enojo del alma, pero es posible aguantar el coraje. Puede que ninguno de ustedes logre borrar la malicia, pero la razón tiene la fuerza para trabajar con ustedes y evitar que se dejen llevar por ella. Porque la razón no sirve para arrancar las cosas de raíz, sino para hacerle frente a las emociones.
Esto se puede entender mucho mejor con la sed del rey David. Porque después de que David estuvo atacando a los filisteos durante todo el día, él junto con los soldados de su país mataron a muchísimos de ellos; y ya cuando cayó la tarde, sudando y cansadísimo, llegó a la tienda del rey, alrededor de la cual estaba acampado todo el ejército de nuestros antepasados. Todos los demás estaban cenando; 10 pero el rey tenía muchísima sed, y aunque tenía varios manantiales cerca, no podía quitarse la sed con ellos. 11 En lugar de eso, le agarraron unas ganas ilógicas de tomar agua del campamento enemigo; las ganas se le hacían cada vez más fuertes, y lo traían deshecho y consumido. 12 Así que sus guardaespaldas, preocupados por estas ganas que traía el rey, dos jóvenes soldados muy valientes, por respeto a lo que el rey quería, se armaron hasta los dientes, agarraron un cántaro y se saltaron las bardas del enemigo. 13 Sin que los guardias de la puerta se dieran cuenta, se metieron a buscar por todo el campamento enemigo. 14 Habiendo encontrado la fuente con mucha valentía, llenaron el cántaro de agua para el rey. 15 Pero él, aunque se moría de sed, pensó con la razón que una bebida que costaba casi lo mismo que la sangre iba a ser muy peligrosa para su alma. 16 Por lo tanto, usando la razón en contra de su antojo, le derramó el agua a Dios. 17 Porque la mente con templanza tiene el poder de vencer la presión de las emociones, de apagar los fuegos de la emoción, 18 y de someter a la fuerza los dolores del cuerpo, por más fuertes que sean, y gracias a lo excelente que es la razón, puede rechazar todos los ataques de las emociones. 19 Pero la ocasión ahora nos invita a dar un ejemplo de la historia sobre cómo se usa la razón con templanza. 20 Porque hubo un tiempo en que nuestros antepasados disfrutaban de una paz tranquila por obedecer la ley, y les iba tan bien que Seleuco Nicanor, el rey de Asia, hasta les daba dinero para sus oficios divinos, y respetaba su forma de gobierno. 21 Pero entonces, algunas personas que empezaron a meter cosas nuevas que iban en contra de la paz del pueblo, cayeron en desgracias de muchas formas diferentes.