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“¿Por qué te tardas, tirano? Porque nosotros estamos más dispuestos a morir que a romper las órdenes de nuestros padres. Estaríamos avergonzando a nuestros padres si no obedeciéramos la ley, y si no usáramos este conocimiento para guiarnos. Tirano, tú que nos aconsejas romper la ley, no nos tengas, con todo y el odio que nos tienes, más lástima de la que nosotros mismos nos tenemos. Porque para nosotros, hacerte caso y salvarnos sería mucho peor que la muerte. Nos tratas de asustar amenazándonos con morir torturados, como si no hubieras aprendido nada con la muerte de Eleazar. Pero si los hombres mayores de los hebreos se han muerto por defender su religión después de aguantar la tortura, con mucha más razón nosotros los jóvenes deberíamos morir, despreciando tus crueles torturas, las mismas que nuestro viejo maestro logró vencer. Haz la prueba, entonces, tirano. Si nos matas por nuestra religión, no vayas a creer que nos haces daño al torturarnos. Porque nosotros, a través de estos malos tratos y de aguantar, nos vamos a ganar los premios de la virtud. Pero tú, por andarnos matando a lo despótico y con tanta maldad, vas a sufrir el castigo de la justicia Divina, y vas a aguantar tortura eterna en el fuego”.
10 Cuando dijeron esto, el tirano no solo se molestó con ellos por ser desobedientes, sino que se enfureció porque sintió que eran malagradecidos. 11 Así que, por orden suya, los torturadores trajeron al hermano mayor y, rompiéndole la túnica, le amarraron las manos y los brazos a cada lado con unas correas. 12 Cuando se cansaron de agarrarlo a latigazos sin lograr nada, lo aventaron a la rueda de tortura. 13 El joven tan noble, al ser estirado en ella, se le empezaron a dislocar los huesos. 14 Ya con cada parte de su cuerpo fuera de su lugar, le reclamó al tirano diciéndole: 15 “Tirano maldito, enemigo de la justicia del cielo y de corazón cruel, no estás torturando a un asesino, ni a alguien que le falta al respeto a lo sagrado, sino a un defensor de la ley de Dios”.
16 Y cuando los guardias le dijeron: “Acepta comer para que te soltemos de tus torturas”, 17 él les contestó: “Su rueda no es tan poderosa, sirvientes malditos, como para asfixiar mi razón. Córtame las piernas y los brazos, quémame la carne, y tuérceme las articulaciones. 18 Porque a través de todos mis tormentos les voy a dejar bien claro que los hijos de los hebreos son los únicos a los que no se les puede vencer cuando defienden la virtud”.
19 Mientras decía esto, le amontonaron leña y, prendiéndole fuego, lo estiraron todavía más en la rueda. 20 La rueda quedó toda manchada de sangre. Las cenizas calientes se apagaban con lo que le escurría de sangre y partes de su carne quedaban tiradas alrededor de los ejes del aparato. 21 Aunque todos sus huesos ya estaban deshechos, aquel joven valiente y digno de Abraham no soltó ni una queja. 22 Sino que, como si el fuego lo estuviera transformando para hacerlo inmortal, aguantó los estirones con mucha nobleza, diciendo: 23 “Imítenme, hermanos. Nunca abandonen su puesto, ni renuncien a nuestra hermandad en la valentía. Peleen la santa y honorable batalla por la religión, 24 para que, por medio de esto, la Providencia justa de nuestro Padre se apiade de nuestra nación, y castigue a este tirano desgraciado”. 25 Y diciendo esto, el joven tan respetado terminó de golpe con su vida.
26 Cuando todos estaban admirados del valor de su alma, los guardias trajeron al que le seguía en edad, y poniéndole unos guantes de hierro con ganchos filosos, lo amarraron a la cama de tortura. 27 Pero cuando le preguntaron si iba a comer antes de que lo torturaran, escucharon su respuesta llena de nobleza. 28 Después de que con los guantes de hierro le arrancaron a la fuerza toda la carne desde el cuello hasta la barbilla, le soltaron unos animales parecidos a las panteras que le arrancaron hasta la piel de la cabeza, pero él, aguantando firme esta desgracia, dijo: 29 “¡Qué dulce es cualquier tipo de muerte por la religión de nuestros padres!” Y luego le dijo al tirano: 30 “¿Acaso no crees, el más cruel de todos los tiranos, que ahora te estás torturando más que yo, al ver que tus aires de tirano arrogante fueron vencidos por nuestra terquedad para defender nuestra religión? 31 Porque yo hago que mi dolor sea menos al pensar en los gustos que trae la virtud. 32 Pero a ti te torturan las amenazas por no respetar a Dios. No te vas a escapar, tirano corrupto, del castigo y de la ira de Dios”.