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Y no solo eso, sino que hasta los animaron a aguantar ese maltrato; así que no solo le hicieron el feo a los dolores, sino que también pudieron superar el cariño que se tenían como hermanos. ¡La razón es más de la realeza que un mismo rey, y más libre que cualquiera que no sea esclavo! ¡Qué concierto tan sagrado y tan en sintonía dieron estos siete hermanos cuando se trató de demostrar su fe! Ninguno de los siete muchachos se echó para atrás ni le dio la espalda a la muerte por miedo. Al contrario, todos ellos, como si fueran corriendo en una carrera hacia la inmortalidad, le apuraron el paso a la muerte cruzando por las torturas. Porque, así como las manos y los pies se mueven a la par de lo que les manda el alma, así estos jóvenes santos se pusieron de acuerdo para morir por su religión, movidos por el alma eterna de la religión misma. ¡Oh santos siete hermanos llenos de armonía! Porque así como los siete días de la creación, cuando se trata de su religión, así los muchachos, moviéndose alrededor del número siete, desaparecieron el miedo a los tormentos. A nosotros se nos pone la piel de gallina nada más de oír todo lo que sufrieron estos jóvenes; pero ellos no solo lo vieron, y no solo escucharon que la amenaza se cumplía ahí mismo, sino que, viviéndolo en carne propia, aguantaron firmes; y todo eso en medio de los dolores del fuego. 10 ¿Qué podría doler más? Porque la fuerza del fuego, que es tan dura y tan rápida, les deshizo el cuerpo en un ratito. 11 Y no se asombren de que la razón haya gobernado a estos hombres en medio del tormento, porque hasta la mente de una mujer hizo menos a dolores todavía más grandes y variados. 12 Porque la mamá de estos siete muchachos aguantó ver los tormentos de cada uno de sus hijos.
13 Pónganse a pensar en lo inmenso que es el amor por los hijos, que nos jala a todos a sentir compasión y cariño. 14 Hasta los animales, que no tienen razón, sienten una compasión y un amor por sus crías muy parecidos a los del ser humano. 15 Los pájaros mansitos que andan por los techos de nuestras casas defienden a sus polluelos. 16 Otros hacen sus nidos y sacan a sus crías en lo más alto de las montañas, en los barrancos de los valles, y en los huecos o hasta arriba de los árboles, y ahí no dejan que nadie se acerque. 17 Y si no pueden hacer esto, se la pasan volando en círculos alrededor de ellos, desesperados por el cariño que les tienen, gritando con su propio canto, tratando de salvar a sus crías como puedan. 18 Pero, ¿para qué nos ponemos a ver la compasión por las crías que tienen los animales sin razón? 19 Si hasta las abejas, en el tiempo en que hacen la miel, atacan a todo el que se arrima, y clavan su aguijón como si fuera una espada a los que se acercan a su panal, y los corren aunque les cueste la vida. 20 Pero toda esa lástima por sus hijos no hizo que la mamá de estos muchachos se echara para atrás, porque ella traía un espíritu como el del mismo Abraham.