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¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas se han podrido y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y vuestra plata se han oxidado, y su óxido testificará contra vosotros y consumirá vuestra carne como el fuego. Habéis acumulado tesoros en los últimos días. He aquí, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el cual ha sido retenido por vosotros con fraude, clama; y los clamores de los que segaron han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra y habéis sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.
Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia; afirmad vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca.
Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. 10 Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. 11 He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin que le dio el Señor, porque el Señor es muy misericordioso y compasivo.
12 Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro “sí” sea “sí”, y vuestro “no”, “no”, para que no caigáis en condenación.
13 ¿Está alguno entre vosotros afligido? Que haga oración. ¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas. 14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Que llame a los ancianos de la iglesia, y que oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; 15 y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados. 16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. 17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. 18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.
19 Hermanos, si alguno de vosotros se extravía de la verdad, y otro le hace volver a ella, 20 sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.