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“Oh Dios de mis antepasados y Señor misericordioso,
que hiciste todas las cosas nomás con tu palabra;
y con tu sabiduría formaste al ser humano,
para que él mandara sobre los animales que tú hiciste,
y gobernara el mundo de forma santa y justa,
y que juzgara a todos siendo derecho de corazón,
regálame la sabiduría, la que se sienta junto a ti en tus tronos.
No me hagas a un lado de entre tus*O, hijos sirvientes,
porque yo soy tu servidor y el hijo de tu sirvienta,
un hombre débil y que va a vivir poco tiempo,
al que le falta capacidad para entender las leyes y hacer justicia.
Porque aunque alguien sea perfecto aquí entre la gente,
si no tiene la sabiduría que viene de ti, no va a valer para nada.
Tú me escogiste para que yo fuera el rey de tu pueblo,
y el que impartiera justicia para tus hijos e hijas.
Tú me diste la orden de construir un templo en tu montaña santa,
yO, un lugar de sacrificio un altar en la ciudad donde tú vives,
como una copia de la tienda santa que tú preparaste desde el mero principio.
La sabiduría está contigo y conoce muy bien todo lo que haces,
y ahí estaba presente cuando estabas haciendo el mundo,
y sabe bien qué es lo que te gusta ver,
y qué es lo correcto según tus mandamientos.
10 Mándala desde tus cielos santos,
y pídele que venga desde tu trono lleno de gloria,
para que estando conmigo ella se ponga a trabajar,
y yo pueda aprender qué es lo que te agrada.
11 Porque ella sabe de todo y le entiende bien,
y me va a guiar con cuidado en todo lo que yo haga.
Ella me va a proteger con su gloria.
12 Así todo lo que yo haga te va a gustar.
Voy a juzgar a tu gente con justicia,
y voy a ser digno delGr. tronos. trono de mi papá.
13 Porque, ¿quién va a saber lo que piensa Dios?
¿O quién se va a imaginar lo que el Señor quiere?
14 Porque las ideas de los humanos cambian a cada rato,
y nuestros planes casi siempre fallan.
15 Porque el cuerpo que se echa a perder es una carga pesada para el alma.
Y andar en este mundo de tierra cansa a la mente de tantas preocupaciones.
16 Apenas y le atinamos a entender las cosas de aquí de la tierra,
y batallamos para encontrarle sentido a lo que tenemos a la mano;
pero, ¿quién le ha seguido la pista a las cosas que están en el cielo?
17 ¿Quién se iba a enterar de tus planes, a menos que tú le dieras sabiduría,
y le mandaras tu santo espíritu desde allá arriba?
18 Y así fue como se enderezaron los pasos de los que viven en la tierra,
y la gente aprendió las cosas que a ti te gustan.
Y gracias a la sabiduría se salvaron.”
 

*9:4 O, hijos

9:8 O, un lugar de sacrificio

9:12 Gr. tronos.