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Escuchad, por tanto, oh reyes, y entended.
Aprended, vosotros que sois jueces de los confines de la tierra.
Prestad oído, vosotros los que gobernáis sobre muchos pueblos,
y os jactáis*O, en la multitud de vuestras naciones de la multitud de naciones,
porque vuestro dominio os fue dado por el Señor,
y vuestra soberanía por el Altísimo.
Él escudriñará vuestras obras,
e inquirirá acerca de vuestros designios,
porque siendo oficiales de su reino, no juzgasteis rectamente,
ni guardasteis la ley,
ni anduvisteis según el consejo de Dios.
Él vendrá sobre vosotros terrible y velozmente,
porque un juicio severo sobreviene a los que están en lugares altos.
Pues el hombre de baja condición puede ser perdonado por misericordia,
pero los poderosos serán poderosamente puestos a prueba.
Porque el Señor Soberano de todos no se dejará impresionar por nadie,
ni mostrará deferencia a la grandeza;
porque es él quien hizo tanto al pequeño como al grande,
y se preocupa por todos ellos;
pero el escrutinio que sobreviene a los poderosos es estricto.
Por tanto, mis palabras se dirigen a vosotros, oh príncipes,
para que aprendáis sabiduría y no caigáis.
10 Porque los que han guardado las cosas santas en santidad serán hechos santos.
Los que han sido instruidos en ellas hallarán qué decir en su defensa.
11 Poned, pues, vuestro deseo en mis palabras.
Anheladlas, y vosotros, príncipes, seréis instruidos.
 
12 La sabiduría es radiante y no se marchita;
y es fácilmente vista por los que la aman,
y hallada por los que la buscan.
13 Ella se anticipa a los que la desean, dándose a conocer.
14 El que se levanta temprano para buscarla no tendrá dificultad,
porque la hallará sentada a sus puertas.
15 Porque pensar en ella es la perfección del entendimiento,
y el que vela por ella pronto se verá libre de cuidados;
16 porque ella misma anda buscando a los que son dignos de ella,
y en sus caminos se les aparece con benevolencia,
y en cada propósito sale a su encuentro.
17 Porque su verdadero principio es el deseo de instrucción;
y el deseo de instrucción es amor.
18 Y el amor es la observancia de sus leyes.
Prestar atención a sus leyes asegura la inmortalidad.
19 La inmortalidad acerca a Dios.
20 Así pues, el deseo de sabiduría conduce a un reino.
 
21 Si por tanto os deleitáis en tronos y cetros, oh príncipes de los pueblos,
honrad la sabiduría, para que reinéis para siempre.
22 Pero qué es la sabiduría, y cómo llegó a ser, lo declararé.
No os ocultaré misterios;
sino que investigaré desde su primer principio,
sacaré a plena luz su conocimiento,
y no pasaré por alto la verdad.
23 Ciertamente, no viajaré con envidia consumidora,
porque la envidia no tendrá comunión con la sabiduría.
24 Pero una multitud de hombres sabios es salvación para el mundo,
y un rey comprensivo es estabilidad para su pueblo.
25 Por tanto, dejaos instruir por mis palabras, y sacaréis provecho.

*6:2 O, en la multitud de vuestras naciones