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Canto para la dedicación del Templo. Salmo de David.
Te exalto oh Yavé, porque me levantaste,
Y no dejaste que mis enemigos se alegraran de mí.
¡Oh Yavé, mi ʼElohim!
Clamé a Ti, y me sanaste.
¡Oh Yavé, sacaste mi vida del Seol,
De entre los que bajan a la tumba me mantuviste vivo!
 
Canten salmos a Yavé, ustedes sus santos,
Y celebren la memoria de su santidad.
Por un momento es su ira,
Pero su favor dura toda la vida.
Por la noche dura el llanto,
Pero al amanecer viene la alegría.
 
En mi prosperidad me decía:
No seré conmovido jamás,
Porque con tu favor, oh Yavé,
Me afirmaste como fuerte montaña.
Escondiste tu rostro, fui turbado.
 
A Ti clamé, oh Yavé.
A Yavé dirigí mi súplica.
¿Qué provecho hay en mi muerte cuando baje a la tumba?
¿Te alabará el polvo?
¿Anunciará tu verdad?
 
10 Escucha, oh Yavé, y ten compasión de mí.
¡Oh Yavé, sé mi Ayudador!
 
11 Cambiaste mi lamento en danza,
Desataste mi tela áspera y me vestiste de alegría.
12 Por tanto, a Ti cantaré, Gloria mía, y no estaré callado.
¡Oh Yavé, mi ʼElohim, te daré gracias para siempre!