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Miren qué gran amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.
Amados, ahora somos hijos de Dios, y todavía no se ha manifestado lo que seremos. Pero sabemos que, cuando él sea manifestado, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.
Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a mismo, así como él es puro.
Todo el que practica el pecado también practica la maldad, porque el pecado es maldad.
Ustedes saben que Cristo apareció para quitar nuestros pecados, y en él no hay pecado.
Todo el que permanece en él no sigue pecando. Todo el que sigue pecando no lo ha visto ni lo ha conocido.
Hijitos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como Cristo es justo.
El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo.
Todo el que ha nacido de Dios no sigue practicando el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; y no puede seguir pecando, porque ha nacido de Dios.
10 En esto se distinguen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no practica la justicia no es de Dios; tampoco lo es el que no ama a su hermano.
11 Porque este es el mensaje que ustedes oyeron desde el principio: que nos amemos unos a otros.
12 No seamos como Caín, que era del Maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas.
13 Hermanos míos, no se sorprendan si el mundo los odia.
14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte.
15 Todo el que odia a su hermano es homicida, y ustedes saben que ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en él.
16 En esto hemos conocido el amor: en que Cristo entregó su vida por nosotros. También nosotros debemos entregar la vida por los hermanos.
17 Pero si alguien tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad, y cierra su corazón contra él, ¿cómo permanece el amor de Dios en esa persona?
18 Hijitos míos, no amemos solo de palabra ni de lengua, sino con hechos y en verdad.
19 En esto sabremos que somos de la verdad, y tendremos paz en nuestro corazón delante de él,
20 aun si nuestro corazón nos condena; porque Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas.
21 Amados, si nuestro corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios.
22 Y recibimos de él todo lo que pedimos, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
23 Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros, como él nos mandó.
24 El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Y por el Espíritu que nos ha dado, sabemos que él permanece en nosotros.