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Ahora escuchen, ustedes los ricos: lloren y griten por las miserias que vienen sobre ustedes.
Sus riquezas se han podrido, y la polilla se ha comido sus ropas.
Su oro y su plata se han corroído, y su corrosión dará testimonio contra ustedes y devorará su carne como fuego. Han acumulado tesoros para los últimos días.
Miren, el salario de los trabajadores que cosecharon sus campos, el cual ustedes retuvieron con engaño, clama contra ustedes. Y los clamores de los cosechadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.
Han vivido en la tierra con lujo y placer. Han engordado sus corazones como en día de matanza.
Han condenado y matado al justo, y él no les hace resistencia.
Por tanto, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.
Tengan también ustedes paciencia. Fortalezcan sus corazones, porque la venida del Señor se acerca.
Hermanos, no se quejen unos contra otros, para que no sean juzgados. Miren, el Juez está a la puerta.
10 Hermanos míos, tomen como ejemplo de sufrimiento y paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor.
11 Nosotros llamamos dichosos a los que perseveraron. Ustedes han oído de la perseverancia de Job y han visto el fin que el Señor le dio, porque el Señor es muy compasivo y misericordioso.
12 Pero sobre todo, hermanos míos, no juren, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento. Que su sea , y su no sea no, para que no caigan bajo juicio.
13 ¿Está alguno entre ustedes sufriendo? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas.
14 ¿Está alguno enfermo entre ustedes? Que llame a los ancianos de la iglesia, y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor.
15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará. Si ha cometido pecados, le serán perdonados.
16 Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración eficaz del justo tiene mucho poder.
17 Elías era hombre con una naturaleza como la nuestra, y oró con fervor para que no lloviera; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.
18 Luego oró otra vez, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.
19 Hermanos míos, si alguno de ustedes se desvía de la verdad, y otro lo hace volver,
20 sepa que el que hace volver al pecador del error de su camino salvará un alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados.