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La Carta de Jeremías
1 Copia de la carta que Jeremías les mandó a los que iban a ser llevados de prisioneros a Babilonia por el rey de los babilonios, para darles el mensaje que Dios le había encargado.
2 Por culpa de los pecados que han cometido delante de Dios, van a ser llevados prisioneros a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios.
3 Así que, cuando lleguen a Babilonia, se van a quedar ahí por muchos años, y por un buen rato, hasta por siete generaciones. Después de eso, los voy a sacar en paz de ahí.
4 Pero ahorita van a ver en Babilonia dioses de plata, de oro y de madera que los traen cargando en los hombros, y que asustan a las naciones.
5 Tengan mucho cuidado de no irse a portar de ninguna manera como esta gente extranjera. No se dejen llevar por el miedo cuando vean a todo el gentío adelante y atrás de ellos, adorándolos.
6 Más bien digan en sus corazones: “Señor, solo a ti tenemos que adorar.”
7 Porque mi ángel anda con ustedes, y yo mismo les cuido la vida.
8 Porque su lengua se las pulió un artesano, y están todos bañados en oro y plata; pero son puras mentiras, no pueden ni hablar.
9 Y agarrando oro, como si fuera para una muchacha a la que le gusta arreglarse, les hacen coronas para ponérselas en la cabeza a sus dioses.
10 Y a veces hasta los sacerdotes les quitan el oro y la plata a sus dioses, y se lo gastan en ellos mismos.
11 Y hasta le dan una parte a las prostitutas de la calle. Los visten con ropa como si fueran personas, a esos mismos dioses de plata, dioses de oro y dioses de madera.
12 Pero la verdad, estos dioses no pueden ni salvarse del óxido y la polilla, por más que les pongan ropa morada muy fina.
13 Les tienen que sacudir la cara por todo el polvo del templo que se les junta encima.
14 Y hay uno que trae un bastón de mando, como si fuera el juez del país, pero no puede ni mandar a matar al que lo ofende.
15 Otro trae una espada en la mano derecha, y un hacha, pero no se puede ni salvar a sí mismo de la guerra ni de que lo asalten.
16 Con esto queda claro que no son dioses. Así que ni les tengan miedo.
17 Porque así como un traste ya no sirve para nada cuando se quiebra, así mismito pasa con sus dioses. Cuando los ponen en los templos, se les llenan los ojos con el polvo que levanta la gente que entra.
18 Y así como a uno que ofende al rey lo encierran y le ponen guardias por todos lados, porque ya lo condenaron a muerte, así también los sacerdotes le ponen puertas, candados y trancas a sus templos, para que los rateros no se los vayan a robar.
19 Les prenden velas, hasta más que para ellos mismos, y eso que los monitos no pueden ver ni una sola.
20 Son como cualquier otra viga del templo. La gente dice que los bichos que salen de la tierra se los comen por dentro, tanto a ellos como a su ropa. Y ni cuenta se dan
21 cuando se les pone la cara negra por todo el humo que hay en el templo.
22 Murciélagos, golondrinas y pájaros se les paran en el cuerpo y en la cabeza. Y los gatos también.
23 Con esto se pueden dar cuenta de que no son dioses. Así que no les tengan miedo.
24 Y a pesar de todo el oro que les ponen para que se vean bonitos, si alguien no les limpia lo percudido, no van a brillar; porque no sintieron ni siquiera cuando los estaban fundiendo.
25 Son cosas que no respiran y las compran al precio que sea.
26 Como no tienen pies, los tienen que traer cargando en los hombros. Con esto le demuestran a todos que no sirven para nada.
27 Hasta los que los atienden pasan vergüenzas, porque si se llegan a caer al piso, no se pueden ni levantar solos. Si los ponen chuecos, no se pueden enderezar; sino que les ponen las ofrendas enfrente como si fueran muertos.
28 Y la comida que les sacrifican, sus sacerdotes la venden y se gastan el dinero. De la misma manera, sus esposas agarran una parte y la guardan con sal; pero a los pobres y a los enfermos no les dan ni las gracias.
29 La mujer en su periodo y la mujer recién parida andan tocando los sacrificios, y con esto queda clarísimo que no son dioses. No les tengan miedo.
30 Porque, ¿cómo les vas a llamar dioses? Si son las mujeres las que les sirven la comida a esos dioses de plata, oro y madera.
31 Y en sus templos, los sacerdotes se sientan en sillas, con la ropa rota y con la cabeza y la barba rapadas, y sin traer nada en la cabeza.
32 Se ponen a gritar y a llorar enfrente de sus dioses, igualito que la gente en los velorios cuando se muere alguien.
33 Los sacerdotes hasta les quitan la ropa a los dioses para vestir a sus esposas y a sus hijos.
34 Ya sea que les hagas algo bueno o algo malo, no te lo pueden pagar. No pueden poner a un rey ni quitarlo.
35 Tampoco pueden dar riquezas ni dinero. Si alguien les hace una promesa y no se las cumple, nunca se la van a poder cobrar.
36 No pueden salvar a nadie de la muerte. No pueden rescatar al débil de las manos del poderoso.
37 No le pueden devolver la vista a un ciego, ni salvar a nadie que ande en problemas.
38 No le pueden tener compasión a la viuda, ni hacerle un favor al huérfano.
39 Son como cualquier piedra cortada del cerro, estos dioses de madera forrados de oro y plata. Los que los atienden van a quedar en ridículo.
40 Entonces, ¿cómo se le ocurre a la gente pensar o decir que son dioses, si hasta los mismos caldeos no les tienen respeto?
41 Si ven a un mudo que no puede hablar, lo llevan y le piden que le rece a Bel, como si el mono ese pudiera entender.
42 Y ni así pueden agarrar la onda y dejarlos; porque les falta inteligencia.
43 También las mujeres, amarradas con cordones, se sientan en las calles quemando afrecho como incienso; y si alguna de ellas, jalada por alguien que pasa, se acuesta con él, le echa en cara a su compañera que no la hayan creído tan valiosa como a ella y que su cordón no se haya roto.
44 Todo lo que pasa entre ellos es pura mentira. ¿Cómo puede alguien pensar o decir que son dioses?
45 Los hicieron los carpinteros y los que trabajan el oro. No pueden ser otra cosa más que lo que los trabajadores quieren que sean.
46 Y si los que los fabricaron no van a durar mucho tiempo vivos, ¿cómo van a durar las cosas que ellos hacen?
47 Porque nomás les dejaron mentiras y puras vergüenzas a los que vienen después.
48 Porque cuando les cae una guerra o una peste, los sacerdotes se ponen de acuerdo a ver dónde se esconden junto con ellos.
49 Entonces, ¿cómo no le cae el veinte a la gente de que no son dioses, si no se pueden ni salvar solos de la guerra o de las enfermedades?
50 Porque al ver que son de pura madera forrada de oro y plata, tarde o temprano se va a saber que son falsos.
51 A todas las naciones y a los reyes les va a quedar bien claro que no son dioses, sino cosas hechas por manos de hombres, y que no tienen nada de Dios en ellos.
52 ¿A poco hay alguien que no se dé cuenta de que no son dioses?
53 Porque no pueden poner a un rey en un país ni mandarle lluvia a la gente.
54 No pueden defenderse en un juicio, ni arreglar una injusticia, porque no pueden hacer nada; andan como los cuervos, volando entre el cielo y la tierra.
55 Porque hasta cuando le cae lumbre al templo de esos dioses de madera forrados de oro o plata, sus sacerdotes salen corriendo para salvarse, pero ellos se quedan a quemarse junto con las vigas.
56 Aparte, no le pueden hacer frente a ningún rey ni a los enemigos. ¿Cómo puede alguien creer o pensar que son dioses?
57 Esos dioses de madera forrados de plata o de oro no se pueden ni escapar de los rateros o de los asaltantes.
58 Los más fuertes llegan y les quitan el oro, la plata y la ropa que traen puesta, y se van con sus cosas. Y ellos no pueden ni meter las manos para defenderse.
59 Por eso, es mil veces mejor ser un rey que demuestra que es muy hombre, o ser una vasija en la casa que le sirva para algo al dueño, que ser como esos dioses falsos; o hasta ser una puerta en una casa, que cuida las cosas de adentro, que esos dioses falsos; o es mejor ser un poste de madera en un palacio que esos dioses falsos.
60 Porque el sol, la luna y las estrellas, que brillan y que los mandaron a hacer su trabajo, sí son obedientes.
61 Y también los relámpagos, cuando brillan, se ven bien bonitos. Y de la misma manera, el viento sopla por todos lados.
62 Y cuando Dios le ordena a las nubes que pasen por todo el mundo, hacen lo que se les dice.
63 Y el fuego que mandan desde arriba para quemar montañas y bosques hace exactamente lo que se le manda; pero a estos monitos no se les puede comparar con ellos ni en cómo se ven ni en el poder que tienen.
64 Por eso nadie debería pensar ni decir que son dioses, viendo que no sirven ni para arreglar un problema ni para hacerle un favor a la gente.
65 Sabiendo entonces que no son dioses, ni les tengan miedo.
66 Porque no pueden ni maldecir ni darle bendiciones a los reyes.
67 No pueden hacer señales en el cielo para que las vean las naciones, ni brillar como el sol, ni alumbrar como la luna.
68 Hasta los animales son mejores que ellos; porque se pueden meter debajo de algo para protegerse y cuidarse solos.
69 De ninguna manera nos queda claro que sean dioses. Así que no les tengan miedo.
70 Porque como un espantapájaros en un sembradío de pepinos que no asusta ni cuida nada, así están sus dioses de madera forrados de oro y plata.
71 Y esos dioses de madera forrados de oro y plata también son como un espino blanco en una huerta donde se viene a parar cualquier pájaro. Y también se parecen a un muerto que aventaron en la oscuridad.
72 Se van a dar cuenta de que no son dioses por la ropa morada fina que se les va a echar a perder encima. Y al rato ellos mismos se van a deshacer, y van a ser la burla de todo el país.
73 Por eso, es mejor el hombre justo que no tiene ídolos; porque va a estar muy lejos de pasar vergüenzas.