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1 Después de esto, escogieron a los jefes de las familias para que se fueran, según sus tribus, junto con sus esposas, sus hijos e hijas, con sus sirvientes y sirvientas, y todos sus animales.
2 Y Darío les mandó a mil hombres a caballo para escoltarlos hasta Jerusalén para que llegaran con bien, tocando instrumentos, tambores y flautas.
3 Toda su familia iba bien contenta, y el rey hizo que se fueran todos juntos.
4 Y estos son los nombres de los que se fueron, separados por familias dentro de sus tribus y sus grupos.
5 De los sacerdotes, los descendientes de Finees, de la familia de Aarón: Jesús, el hijo de Josedec, hijo de Seraías; y Joaquín, el hijo de Zorobabel, que era hijo de Salatiel, de la familia de David, del linaje de Fares, de la tribu de Judá,
6 que fue el que habló con tanta sabiduría enfrente de Darío, rey de Persia, en su segundo año de rey, en el mes de Nisán, que es el primer mes.
7 Esta es la gente de Judea que regresó del destierro, donde andaban de arrimados, a los que Nabucodonosor, el rey de Babilonia, se había llevado prisioneros para allá.
8 Y regresaron a Jerusalén y a las demás partes de Judea, cada quien a su pueblo, junto con Zorobabel, Jesús, Nehemías, Zarayas, Resaías,Eneneo, Mardoqueo, Beelsaro, Asfaraso, Reelias, Roimo y Baana, que eran sus jefes.
9 Esta es la cuenta de la gente y de sus jefes: los descendientes de Paros, dos mil ciento setenta y dos; los descendientes de Safat, cuatrocientos setenta y dos;
10 los de Ares, setecientos cincuenta y seis;
11 los de Pahat Moab, que venían de Jesús y Joab, dos mil ochocientos doce;
12 los de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro; los de Zatui, novecientos cuarenta y cinco; los de Corbe, setecientos cinco; los de Bani, seiscientos cuarenta y ocho;
13 los de Bebai, seiscientos veintitrés; los de Astad, mil trescientos veintidós;
14 los de Adonicam, seiscientos sesenta y siete; los de Bagoi, dos mil sesenta y seis; los de Adinu, cuatrocientos cincuenta y cuatro;
15 los de Ater, que venían de Ezequías, noventa y dos; los de Quilán y Azetas, sesenta y siete; los de Azaru, cuatrocientos treinta y dos;
16 los de Anis, ciento uno; los de Arom, los de Basai, trescientos veintitrés; los de Arsifurit, ciento doce;
17 los de Betero, tres mil cinco; los de Betlomón, ciento veintitrés;
18 los de Netofa, cincuenta y cinco; los de Anatot, ciento cincuenta y ocho; los de Betasmot, cuarenta y dos;
19 los de Cariatiario, veinticinco; los de Cafira y Berot, setecientos cuarenta y tres;
20 los cadiaseos y amideos, cuatrocientos veintidós; los de Cirama y Gaba, seiscientos veintiuno;
21 los de Macalón, ciento veintidós; los de Betolión, cincuenta y dos; los descendientes de Nifis, ciento cincuenta y seis;
22 los de Calamolalo y Ono, setecientos veinticinco; los de Jericó, trescientos cuarenta y cinco;
23 y los descendientes de Senaas, tres mil trescientos treinta.
24 De los sacerdotes: los descendientes de Jedú, que era hijo de Jesús, de la familia de Sanasib, novecientos setenta y dos; los descendientes de Emerut, mil cincuenta y dos;
25 los de Fasuro, mil doscientos cuarenta y siete; y los de Carme, mil diecisiete.
26 De los levitas: los descendientes de Jesús, Cadmiel, Bano y Sudías, setenta y cuatro.
27 De los cantores santos: los descendientes de Asaf, ciento veintiocho.
28 De los guardias de las puertas: los descendientes de Salum, los de Atar, los de Tolmán, los de Dacubi, los de Ateta, y los de Sabi, en total ciento treinta y nueve.
29 De los servidores del templo: los descendientes de Esaú, los de Asifa, los de Tabaot, los de Queras, los de Súa, los de Faleas, los de Labana, los de Agaba,
30 los de Acud, los de Uta, los de Cetab, los de Acaba, los de Subai, los de Anán, los de Catúa, los de Gedur,
31 los de Jairo, los de Daisán, los de Noeba, los de Caseba, los de Gazera, los de Ozías, los de Fínoe, los de Asara, los de Bastai, los de Asana, los de Maani, los de Nafisi, los de Acub, los de Acifa, los de Asur, los de Faraquim, los de Basalot,
32 los de Meeda, los de Cuta, los de Carea, los de Barco, los de Serar, los de Tomei, los de Nasi, y los de Atifa.
33 De los descendientes de los sirvientes de Salomón: los de Asafiot, los de Farida, los de Jeeli, los de Lozón, los de Isdael, los de Safuti,
34 los de Agia, los de Facaret, los de Sabie, los de Sarotie, los de Masías, los de Gas, los de Adus, los de Subas, los de Afera, los de Barodis, los de Safat, y los de Alón.
35 En total, los servidores del templo y los descendientes de los sirvientes de Salomón eran trescientos setenta y dos.
36 Todos estos llegaron de Termelet, y de Telersas; traían de jefes a Caraatalán y a Alar;
37 pero no pudieron comprobar de qué familias venían ni de qué rama eran, para ver si eran de Israel: los descendientes de Dalán hijo de Ban, y los descendientes de Necodán, que eran seiscientos cincuenta y dos.
38 Y de los sacerdotes, hubo unos que se agarraron el puesto a la brava y no aparecían en los papeles: los descendientes de Obdías, los de Acos, y los de Jado, el que se casó con Augia, que era una de las hijas de Zorzelleo, y se empezó a apellidar como él.
39 Como anduvieron buscándole a estos hombres a ver de qué familias venían en los libros de registro y no los encontraron, los corrieron y no los dejaron trabajar como sacerdotes;
40 porque Nehemías y Atarías les dejaron bien claro que no podían andar agarrando de las cosas santas hasta que no saliera un sumo sacerdote que se pusiera el Urim y el Tumim para preguntar a Dios.
41 Así que todos los israelitas que estaban ahí, contando de los doce años para arriba, sin meter a los sirvientes ni a las sirvientas, eran por todos cuarenta y dos mil trescientos sesenta.
42 De sirvientes y sirvientas traían siete mil trescientos treinta y siete; y de músicos y cantantes, traían doscientos cuarenta y cinco;
43 también traían cuatrocientos treinta y cinco camellos, siete mil treinta y seis caballos, doscientas cuarenta y cinco mulas, y cinco mil quinientos veinticinco animales de carga.
44 Y algunos de los meros jefes de las familias, ya que llegaron a donde estaba el templo de Dios en Jerusalén, prometieron que iban a volver a parar la casa en su mismo lugar echándole todas las ganas,
45 y dijeron que iban a poner en la caja de las ofrendas para los trabajos unas mil minas de oro, cinco mil minas de plata, y cien mudas de ropa para los sacerdotes.
46 Los sacerdotes, los levitas y algunos del pueblo se acomodaron a vivir en Jerusalén y por ahí cerquita. Y los cantores santos, los guardias de las puertas y todos los demás israelitas se fueron a vivir a sus ranchos.
47 Pero cuando ya se venía el séptimo mes, y como los israelitas ya estaban cada quien en su lugar, se juntaron todos con las mismas ganas en la plazuela que estaba enfrente de la primera entrada que daba para donde sale el sol.
48 Y Jesús, el hijo de Josedec, junto con sus parientes los sacerdotes, y Zorobabel, el hijo de Salatiel, con sus parientes, se pararon y dejaron listo el altar del Dios de Israel
49 para ofrecerle ahí animales asados, tal y como viene ordenado en el libro de Moisés, que era un hombre de Dios.
50 También se les juntaron unas personas de otros pueblos de por ahí, y armaron el altar en su mero lugar, porque todos los pueblos de alrededor les traían coraje y los hacían menos; y ahí se pusieron a ofrecerle sacrificios al Señor en las fechas que tocaban y quemaban animales en la mañana y en la tarde.
51 También hicieron la fiesta de las enramadas, como lo manda la ley, y ofrecían los sacrificios de todos los días, como debe ser.
52 Ya después de eso, siguieron ofreciendo los regalos de siempre y los sacrificios de los sábados, de cuando empezaba el mes, y de todas las fiestas apartadas para Dios.
53 Y todos los que le habían prometido algo a Dios empezaron a llevarle sacrificios desde que empezó el séptimo mes, y eso que todavía ni levantaban el templo de Dios.
54 Les daban dinero, comida y de tomar a los albañiles y a los carpinteros.
55 Y también le pasaron carretas a los de Sidón y Tiro, para que trajeran troncos de cedro desde el Líbano, y se los trajeran flotando por el mar hasta el puerto de Jope, siguiendo las órdenes que les había dejado por escrito Ciro, el rey de los persas.
56 Al segundo año de haber llegado al templo de Dios allá en Jerusalén, en el segundo mes, Zorobabel el hijo de Salatiel, Jesús el hijo de Josedec, junto con sus parientes, los sacerdotes levitas, y todos los que habían llegado a Jerusalén regresando del destierro, le empezaron a tupir al trabajo.
57 Empezaron a echar los cimientos del templo de Dios el primer día del segundo mes, ya que iban para dos años de haber llegado a Judea y Jerusalén.
58 Pusieron a los levitas que ya tenían de veinte años para arriba para que le echaran el ojo a los trabajos del Señor. Y entonces Jesús, con sus hijos y parientes, su hermano Cadmiel, los hijos de Jesús, Emadabun, y los hijos de Joda hijo de Iliadun, junto con sus hijos y parientes, y todos los demás levitas, se pusieron las pilas todos juntos y le entraron a la chamba, echándole ganas para que los trabajos en la casa de Dios avanzaran rápido. Y así fue como los albañiles levantaron el templo del Señor.
59 Los sacerdotes estaban ahí bien listos con su ropa especial y traían instrumentos y trompetas, y los levitas que eran hijos de Asaf traían platillos,
60 y se pusieron a cantar cantos para dar gracias y a echarle porras al Señor, siguiendo las instrucciones que había dejado el rey David de Israel.
61 Cantaron bien fuerte, echándole porras al Señor con cantos para darle gracias, porque su bondad y su gloria no se acaban nunca para todo Israel.
62 Y toda la gente le sopló a las trompetas y se pusieron a gritar bien fuerte, cantándole cantos para darle gracias al Señor porque ya andaban levantando la casa del Señor.
63 Pero unos sacerdotes levitas y jefes de familia, que ya estaban grandes y se acordaban de cómo era el templo de antes, llegaron a ver cómo levantaban este y se agarraron a llorar bien feo.
64 Y por otro lado, un montón de gente andaba bien feliz tocando las trompetas y pegando de gritos.
65 Total que la gente ya ni oía las trompetas de tanto que estaban llorando los otros, porque el relajo que traían se oía hasta muy lejos.
66 Entonces, cuando los enemigos de la tribu de Judá y Benjamín escucharon el alboroto, se dejaron venir para ver por qué tanto ruido con las trompetas.
67 Y se dieron cuenta de que los que habían regresado del destierro andaban construyendo el templo para el Señor, el Dios de Israel.
68 Así que fueron a buscar a Zorobabel y a Jesús, y a los meros meros de las familias, y les dijeron: “Nosotros también le entramos con ustedes a la construcción.
69 Porque nosotros, igualito que ustedes, también somos obedientes a su Señor, y le traemos sacrificios desde los tiempos del rey Asbasaret de los asirios, que fue el que nos trajo para acá.”
70 Pero Zorobabel, Jesús y los jefes de las familias de Israel les contestaron: “A ustedes no les toca construir la casa para el Señor nuestro Dios.
71 Puros nosotros solitos le vamos a construir al Señor de Israel, tal y como nos lo mandó el rey Ciro de los persas.”
72 Pero como la gente pagana de por ahí se puso muy pesada con los que vivían en Judea, les dejaron de vender cosas y les estorbaban la construcción.
73 Empezaron a hacer grilla a escondidas, lavándole el coco a la gente y armando relajo, y no los dejaron terminar la construcción por todo el tiempo que vivió el rey Ciro. Y así se la pasaron estorbándoles para que no construyeran por dos años, hasta que empezó a gobernar Darío.