10
1 “Pero resulta que, justo cuando mi muchacho iba a entrar al cuarto con la novia, cayó fulminado al piso y se murió. 2 A todos se nos vino el mundo encima, apagamos las luces, y todos mis *Lat. del pueblo. vecinos se vinieron a acompañarme. Me quedé en silencio hasta la noche del segundo día. 3 Ya cuando todos se habían cansado de consolarme y me decían que me calmara, me levanté en la madrugada, me salí a escondidas y me vine a este campo, aquí donde me ve. 4 Y la verdad no pienso regresar a la ciudad. Aquí me voy a quedar, no voy a comer ni a tomar agua; nomás me la voy a pasar llore y llore, y en puro ayuno hasta que me muera”.
5 Cuando oí eso, se me olvidó todo lo que andaba pensando y le contesté hasta medio enojado: 6 “¡Ay señora, de veras que no tiene cabeza! ¿A poco no se ha fijado en cómo andamos nosotros llorando y en todo lo que nos ha caído encima? 7 A Sión, que es como nuestra madre patria, la traen arrastrando y está llena de dolores. 8 †Ver las traducciones orientales. El latín está medio confuso. Ahorita todos andamos llorando a moco tendido porque todos andamos pasándola mal, ¿y usted andas haciendo tanto pancho por un solo hijo? 9 Vaya a preguntarle a la tierra, a ver si no es ella la que debería de estar llore y llore por tantos que le han nacido y se le mueren. 10 Porque de ella salieron todos, y de ahí van a seguir saliendo; y mire nomás, casi todos van que vuelan a la perdición, y a la mayoría se los va a llevar la trampa. 11 Entonces, ¿quién debería de andar llorando más: ‡Así lo dice el siriaco. ella que ha perdido a un gentío, o usted que nomás le llora a uno? 12 A lo mejor me va a decir: ‘Oye, pero mi dolor no se compara con el de la tierra, porque a mi hijo lo traje en la panza y me costaron unos dolores terribles parirlo’; 13 pero pues a la tierra le pasa igualito, muy a su manera. Así como llegó toda la gente que vive en ella, así se han ido. 14 Por eso le digo: ‘Igualito que a usted le costaron dolores los hijos, a la tierra también le ha costado dar su fruto, o sea la gente, desde el principio hasta ahorita, por orden del que la hizo’. 15 Así que tráguese su dolor y échele ganas para aguantar el trancazo que le tocó vivir. 16 Porque si usted acepta que lo que Dios hace es justo, a su tiempo va a recuperar a su hijo, y la van a reconocer como a las grandes mujeres. 17 Ándele, regrésese a la ciudad con su marido”.
18 Pero ella me contestó: “Ni loca hago eso. No me voy a parar en la ciudad, aquí me voy a morir”.
19 Así que le seguí hablando y le dije: 20 “No sea así, agarre la onda y póngase a ver las desgracias de Sión; conéctese con el dolor de Jerusalén y con eso consuélese. 21 Fíjese nomás cómo nos dejaron el santuario hecho pedazos, el altar tumbado y el templo en ruinas; 22 se nos apagó la música, se acabaron los cantos, se nos esfumó la alegría. Se apagaron las luces del templo, nos robaron el arca del pacto, pisotearon nuestras cosas sagradas y el nombre de Dios, que es nuestro orgullo, lo agarraron de burla. A los que eran libres los traen de trapeador, a los sacerdotes los quemaron, a los levitas se los llevaron prisioneros, mancharon a las muchachas y violaron a las señoras. A los hombres de bien se los llevaron lejos, a los niños los traicionaron, a los jóvenes los hicieron esclavos, y los más fuertes terminaron todos débiles. 23 Y para acabarla de amolar, Sión perdió su sello de grandeza, y cayó redondita en las manos de los que nos odian. 24 Así que ya sacúdase esa pesadez y hágase a un lado todos esos sufrimientos, para que el Poderoso se vuelva a apiadar de usted, y el Altísimo le dé un descanso y un alivio de todos sus problemas”.
25 Y ándele, que mientras andaba platicando con ella, de repente se le iluminó la cara a lo bárbaro, y brillaba como si le estuvieran aventando relámpagos, de modo que me pegó un susto tremendo y no sabía ni qué onda. 26 De repente pegó un gritote tan fuerte y tan feo, que hasta se sacudió la tierra por el ruido. 27 Volteé a ver, y fíjese que la señora desapareció, y en su lugar se empezó a ver una ciudad gigante desde los puros cimientos. Ahí sí me dio pánico, y empecé a gritar: 28 “¿Dónde está el ángel Uriel, el que vino a verme la primera vez? ¡Por su culpa vine a caer en esta tembladera, mi final se me hizo agua y mis rezos quedaron en puro ridículo!”
29 Y en lo que andaba diciendo esto, se me apareció otra vez el mismo ángel de la primera vez, y se me quedó viendo. 30 Yo estaba tirado en el suelo como si me hubiera muerto, y ya no sabía ni en qué día vivía. Pero él me agarró de la mano derecha, me echó ánimos, me paró y me dijo: 31 “¿Qué te pasa? ¿Por qué andas tan asustado? ¿Por qué andas todo atarantado de la cabeza y con el corazón hecho un nudo?”
32 Yo le dije: “Porque me dejaste solo; y yo que te hice caso y me vine al campo, y ándale que me tocó ver, y sigo viendo, unas cosas que ni te puedo explicar”.
33 Y me dijo: “Párate bien, como los hombres, y te voy a explicar qué onda”.
34 Entonces le dije: “A ver, síguele, Señor; nomás no me vayas a dejar solo otra vez, no vaya a ser que me muera de un susto antes de tiempo. 35 Es que ando viendo cosas que nunca había visto, y oyendo cosas que ni entiendo. 36 ¿O será que me andan fallando los ojos, o que ando soñando despierto? 37 Así que te ruego de favor que le expliques a tu servidor de qué se trata todo esto que vi”.
38 Él me contestó: “Ponme mucha atención y te voy a explicar todo, para sacarte de dudas de las cosas que te asustaron; porque el Altísimo te ha pasado al costo muchos de sus secretos. 39 Él vio que andas por la derecha, y se da cuenta de que te la pasas sufriendo por tu raza y llore y llore por Sión. 40 Así que ahí te va lo que significa todo lo que viste. 41 A la señora esa que se te apareció hace un rato, que viste llorando y que le quisiste echar porras, 42 pero que ahorita ya no la ves como mujer, sino que se te figuró como si fuera una ciudad que se anda construyendo, 43 y que te platicó de la muerte de su muchacho, pues esta es la explicación: 44 Esa señora que viste es Sión,§Así dicen el siriaco y otras traducciones. El latín tiene un error. que ahorita se te figura como una ciudad que se anda levantando. 45 Lo que te platicó de que llevaba treinta años sin poder tener hijos, significa que hubo tres mil años en el mundo en los que todavía no se le ofrecía ningún sacrificio a ella. 46 Y fíjate que a los tres mil años, Salomón armó la ciudad y ofreció los sacrificios. Fue hasta entonces que la que no tenía hijos por fin pudo parir. 47 Y lo que te dijo de que lo crio con un chorro de cuidado, se refiere a cuando vivían allá en Jerusalén. 48 Cuando te platicó: ‘Mi muchacho se murió justo cuando se iba a casar y me cayó esta desgracia’, eso quiere decir el día en que dejaron a Jerusalén en puras ruinas. 49 Y ya ves cómo se te figuró que ella andaba llore y llore por su hijo, y tú te pusiste a consolarla por su pena. Todo eso era lo que tenías que ver con tus propios ojos. 50 Ahora resulta que el Altísimo, viendo que de veras traes el corazón hecho pedazos y le sufres con ganas por ella, te dio el privilegio de ver lo hermoso y deslumbrante de toda su gloria. 51 Por eso mismo te mandé a que te quedaras en un campo pelón donde no hubiera ni una casita construida, 52 porque yo ya sabía que el Altísimo te iba a dar este regalo. 53 Por eso te dije que te vinieras a un campo donde no hubiera ni una sola barda ni cimientos. 54 Porque ninguna casa hecha por humanos iba a aguantar parada en el lugar donde te iban a enseñar la ciudad del mismísimo Altísimo. 55 Así que ni te asustes ni te dejes apanicar; ándale, acércate y asómate a ver la chulada y el tamaño de ese lugar, hasta donde te alcancen los ojos. 56 Ya después vas a poder escuchar todo lo que tus orejas aguanten oír. 57 Y date de santos, porque eres mucho más suertudo que la mayoría, y a ti sí te nombraron por tu nombre para andar codeándote con el Altísimo, cosa que nomás le toca a unos cuantos. 58 Mañana en la noche te vuelves a quedar aquí, 59 y el Altísimo te va a seguir enseñando en sueños las visiones de todo lo que le va a hacer a los que andan en la tierra en los últimos días”.
Así que esa noche me la pasé durmiendo ahí, y también la que siguió, como él me ordenó.