11
1 Resulta que a la segunda noche tuve un sueño; de repente vi a un águila saliendo del mar, que traía doce alas llenas de plumas y tres cabezas. 2 Me quedé viendo, y ándale que abrió las alas y tapó toda la tierra. Todos los vientos del cielo le soplaban, *Así lo dicen las principales versiones orientales. En el latín nomás dice y se juntaron. y las nubes se amontonaron para taparla. 3 Luego me fijé y vi que de sus alas le empezaron a salir otras alitas ahí cerquita; pero se hicieron bien chiquitas. 4 Sus tres cabezas estaban bien quietecitas. La cabeza de en medio estaba más grandota que las otras dos, pero también estaba descansando junto con ellas. 5 Seguí viendo, y el águila se echó a volar para hacerse dueña de todo el mundo y de todos los que vivían en él. 6 Me tocó ver cómo todas las cosas bajo el cielo se le cuadraban, y nadie le chistaba nada, ni un solo bicho en la tierra. 7 Después vi que el águila se paró sobre sus garras y les habló a sus alas, diciéndoles: 8 “No se pongan a vigilar todas al mismo tiempo. Que cada una se eche a dormir en su lugar y hagan turnos para vigilar; 9 pero las cabezas déjenlas guardadas para el último”.
10 Me puse vivo, y fíjate que la voz no salía de las cabezas, sino de en medio de la panza. 11 Me puse a contar †El siriaco dice sus alitas, y, etc. las alitas esas que le salieron junto a las grandes, y ándale, que eran ocho en total. 12 Luego vi que del lado derecho se levantó un ala y se puso a gobernar por todo el mundo. 13 Y cuando andaba mandando, le llegó su hora y se esfumó, tanto que ya ni se vio dónde estaba. Luego la que seguía se levantó a mandar, y duró un buen rato en el poder. 14 Y pasó que, cuando andaba gobernando, también se le acabó su tiempo y desapareció, igualito que la primera. 15 En eso, se escuchó una voz que le dijo: 16 “¡Oye tú, la que te la pasaste mandando en la tierra todo este tiempo! Te voy a decir una cosa antes de que te vayas: 17 de los que vengan después de ti, nadie va a durar tanto tiempo en el poder, ¡ni a la mitad te van a llegar!”
18 Luego se levantó la tercera, y gobernó como las otras, y también se esfumó. 19 Y así se la llevaron todas las alas, una por una; cada quien agarraba el poder y luego se pelaba. 20 Me quedé viendo, y con el paso del tiempo, las ‡El siriaco dice alitas. alas que seguían se pararon del lado §El etiópico dice izquierdo. derecho, para ver si a ellas también les tocaba mandar. Unas sí alcanzaron a mandar, pero de volada se desaparecieron. 21 Otras nomás se pararon, pero no les tocó mandar nada.
22 Después de todo esto vi que, de repente, las doce alas grandes desaparecieron, y también dos de las alitas chicas. 23 Ya no quedaba nada en el cuerpo del águila, nomás las tres cabezas que seguían descansando, y seis alitas. 24 En eso me fijo y veo que dos de esas alitas se separaron del grupo de seis y se fueron a esconder abajo de la cabeza del lado derecho; y las otras cuatro se quedaron donde mismo. 25 Luego vi que estas *El siriaco dice alitas. alas chiquitas andaban armando un plan para levantarse y quedarse con el poder. 26 Me fijé bien, y una se levantó, pero en un ratito se esfumó. 27 Luego la segunda hizo lo mismo, y esta se peló más rápido que la primera. 28 Seguí viendo, y las dos que quedaron también andaban haciendo sus planes para quedarse con la corona. 29 Y en lo que andaban haciendo el complot, una de las cabezas que estaban dormidas se despertó: la que estaba en medio, que era la más grandota de las tres. 30 Vi cómo agarró a las otras dos cabezas y se las juntó con ella. 31 Y fíjate nomás, la cabeza volteó con las que venían con ella, y se tragó a las dos †El siriaco dice alitas. alas chiquitas que querían mandar. 32 Esta cabeza se apoderó de todo el mundo y traía a la gente de encargo, gobernándolos a puros trancazos. Tenía más control sobre la tierra que todas las alas que habían estado antes.
33 Pasando esto, vi que la cabeza de en medio también se desapareció de repente, igual que como les pasó a las alas. 34 Pero se quedaron las otras dos cabezas, que también se pusieron a gobernar sobre el mundo y a mandar a todos sus habitantes. 35 Me quedé viendo, y ándale que la cabeza del lado derecho se tragó a la que estaba del lado izquierdo.
36 Entonces escuché una voz que me dijo: “Échale un ojo a lo que tienes enfrente, y ponte a pensar bien en lo que estás viendo”.
37 Y vi que salió algo que parecía un león dando de rugidos desde el monte. Y escuché cómo le habló al águila con voz de humano, diciéndole: 38 “¡Párale las orejas, que te voy a hablar! El Altísimo te manda a decir esto: 39 ‘¿A poco no eres tú la que quedaste de los cuatro animales que yo puse para gobernar en mi mundo, para que por medio de ustedes se llegara el fin de los tiempos? 40 Este cuarto animal llegó y le partió la torre a todos los que estuvieron antes, gobernó el mundo sembrando el puro terror, pisoteó a todos los pueblos y se la pasó años haciendo tranzas en la tierra. 41 Juzgaste a la tierra, pero no con la verdad. 42 Porque a los tranquilos les hiciste la vida de cuadritos, a los que no se metían con nadie los lastimaste, le traías coraje a los que hablaban con la verdad y te juntaste con los mentirosos. Destruiste las casas de los que trabajaban duro y tumbaste las bardas de los que no te debían nada. 43 Tu descaro y tu arrogancia llegaron hasta arriba, hasta los oídos del Altísimo y del Poderoso. 44 Y el Altísimo ya revisó sus tiempos, y fíjate nomás, tu tiempo ya se acabó y tus épocas llegaron al límite. 45 Así que ya vete perdiendo de vista, águila presumida, tú y tus alas horribles, tus alitas mañosas, tus cabezas sanguinarias, tus garras que nomás sirven para rasguñar, y todo ese cuerpo tuyo que no sirve para nada. 46 Para que por fin la tierra pueda respirar y descansar, libre de todas tus maldades, y pueda tener esperanza en la justicia y la compasión del que la creó’ ”.