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1 El Señor dice: “A este pueblo yo lo saqué de ser esclavo. Les mandé mis leyes por medio de mis sirvientes los profetas, pero no los quisieron escuchar y echaron mis consejos a la basura.
2 La madre que los trajo al mundo les dice: ‘Ya váyanse por su lado, hijos, porque me he quedado viuda y abandonada.
3 Yo los crie con mucha alegría, pero con mucha tristeza y dolor los he perdido, porque se han puesto a pecar contra el Señor Dios, y han hecho lo malo en mi cara.
4 Y ahora, ¿qué más puedo hacer por ustedes? Mírenme, viuda y abandonada. Váyanse ya, hijos míos, y pídanle a Dios que les tenga compasión’.
5 Y yo, padre, te pongo de testigo junto con la madre de estos hijos, porque no quisieron respetar mi trato,
6 para que los pongas en vergüenza, y que a la madre le vaya mal, para que ya no dejen descendencia.
7 Que salgan volando por todos lados entre la gente pagana. Que borren sus nombres de la faz de la tierra, porque no le dieron importancia a mi pacto.
8 ¡Pobre de ti, Asiria, que escondes a la gente mala contigo! Nación perversa, acuérdate de lo que le hice a Sodoma y a Gomorra,
9 que su tierra quedó hecha puros pedazos de chapopote y montones de ceniza. Pues eso mismito les voy a hacer a los que no me han querido hacer caso”, dice el Señor Todopoderoso.
10 El Señor le dice a Esdras: “Avísale a mi pueblo que les voy a entregar a ellos el reino de Jerusalén, ese que yo le iba a dar a Israel.
11 Me voy a traer de regreso la gloria que era de ellos, y a estos les voy a dar unas casas que duran para siempre, que ya les tenía preparadas.
12 Van a tener el árbol de la vida como un perfume riquísimo. No van a tener que trabajar ni se van a cansar.
13 Ustedes nomás pidan, y se les va a dar. Oren para que los días de espera sean poquitos, para que se acorten. El reino ya está listo para ustedes. ¡Pónganse truchas!
14 Llamen al cielo y a la tierra como testigos. Pónganlos de testigos, porque ya quité el mal y armé lo bueno, porque yo estoy vivo, dice el Señor.
15 “Madre, abraza a tus hijos. Los voy a sacar de ahí con mucha alegría, como lo hace una paloma. Ponlos bien firmes sobre sus pies, porque a ti te he escogido, dice el Señor.
16 A los muertos los voy a levantar de donde están, los voy a sacar de sus tumbas, porque reconozco que ellos llevan mi nombre.
17 No te asustes, madre de familia, porque a ti te he escogido, dice el Señor.
18 Para que te ayuden, te voy a mandar a mis sirvientes Isaías y Jeremías; siguiendo sus consejos ya te dejé listos y consagrados doce árboles llenos de frutas de toda clase,
19 y muchísimos manantiales echando leche y miel, y siete cerros grandísimos donde crecen rosas y lirios, para llenar a tus hijos de pura alegría.
20 Hazle justicia a la viuda. Defiende los derechos del huérfano. Dale al que no tiene. Cuida al desamparado. Regálale ropa al que anda desnudo.
21 Cúrale las heridas al lastimado y al que está débil. No te burles del que no puede caminar bien. Defiende al que le falta un brazo o una pierna. Deja que el cieguito alcance a ver un poco de mi gloria.
22 Cuida a los abuelitos y a los chamacos que vivan dentro de tus bardas.
23 Donde te halles a un muertito, ponle una seña y entiérralo como se debe, y yo te voy a dar el primer lugar cuando toque resucitar.
24 Tú quédate tranquilo, pueblo mío, y descansa, que ya te llegará tu descanso.
25 Dale de comer a tus hijos, como buena nana, y ponlos bien firmes sobre sus pies.
26 De todos los sirvientes que te di, no se va a perder ni uno solo, porque yo mismo voy a pedir cuentas por ellos.
27 No te mortifiques, porque cuando lleguen los días de sufrimiento y de angustia, otros van a andar llorando y pasando penas, pero a ti te va a tocar pura alegría y de sobra.
28 Las demás naciones te van a tener envidia, pero te van a hacer lo que el viento a Juárez, dice el Señor.
29 Te voy a tapar con mis manos, para que a tus hijos no les toque ver el infierno.
30 Ponte feliz, madre, junto con tus hijos, porque yo te voy a salvar, dice el Señor.
31 Acuérdate de tus hijos que están dormidos en la muerte, porque los voy a sacar de los escondites de la tierra y me voy a compadecer de ellos, porque yo soy muy compasivo, dice el Señor Todopoderoso.
32 Abraza a tus hijos en lo que yo regreso, y avísales que les voy a tener compasión, porque mis manantiales están a reventar y mi bondad nunca se va a acabar”.
33 A mí, Esdras, el Señor me dio la orden en el monte Horeb de que fuera a buscar a Israel; pero cuando llegué con ellos, me mandaron por un tubo y no quisieron saber nada de los mandamientos del Señor.
34 Por eso les digo a ustedes, oh naciones que escuchan y entienden: “Busquen a su pastor. Él les va a dar un descanso que dura para siempre, porque ya está a la vuelta de la esquina el que va a venir cuando se acabe el mundo.
35 Pónganse listos para recibir los premios del reino, porque una luz que no se apaga los va a alumbrar por toda la eternidad.
36 Salgan corriendo de la oscuridad de este mundo y reciban la alegría de la gloria que les toca. Yo hablo de mi salvador fuerte y claro para que todos me oigan.
37 Acepten esto que el Señor les regala, y pónganse felices dándole las gracias al que los invitó a los reinos del cielo.
38 Levántense, pónganse de pie y echen un vistazo para ver a todos los que recibieron su sello en el banquete del Señor.
39 Los que se alejaron de la oscuridad del mundo, ya traen puestos unos trajes de lujo que el Señor les dio.
40 Sión, junta a toda tu gente completa, haz la cuenta de los tuyos que andan vestidos de blanco, los que sí cumplieron la ley del Señor.
41 Ya se completó el número de tus hijos a los que tanto extrañabas. Pídele al poder del Señor que haga santo a tu pueblo, al que él llamó desde el principio”.
42 Yo, Esdras, vi allá en el monte Sión a un gentío tan grande que no los podía ni contar, y todos andaban cantando y alabando al Señor.
43 En medio de todos ellos, había un joven muy alto, más alto que los demás, que les andaba poniendo coronas en la cabeza a cada uno de ellos, y él se veía mucho más importante que todos. Me quedé con el ojo cuadrado al ver eso.
44 Así que le pregunté al ángel: “¿Y estos quiénes son, mi Señor?”
45 Él me contestó: “Estos son los que ya se quitaron la ropa de los mortales, y se pusieron la ropa que no se echa a perder, y confesaron el nombre de Dios. Ahorita les están poniendo su corona y dándoles unas palmas”.
46 Entonces le dije al ángel: “¿Y quién es el muchacho ese que les está poniendo las coronas y dándoles las palmas en la mano?”
47 Y me contestó diciendo: “Es el Hijo de Dios, al que ellos confesaron cuando estaban en el mundo”.
Y yo también me puse a alabar con muchas ganas a todos los que se la habían rifado por defender el nombre del Señor.
48 Entonces el ángel me dijo: “Ya vete por tu camino, y platícale a mi pueblo la clase de cosas y los milagros tan grandotes que te tocó ver del Señor Dios”.