4
1 El ángel que mandaron para hablar conmigo, que se llamaba Uriel, me contestó
2 y me dijo: “Andas bien perdido tratando de entender cómo funciona este mundo. ¿A poco crees que tienes cabeza para agarrarle la onda a los planes del Altísimo?”
3 Y le contesté: “Sí, mi Señor”.
Y me dijo: “Me mandaron a enseñarte tres caminos, y a ponerte tres acertijos.
4 Si me logras resolver uno solo, yo también te enseño el camino que traes ganas de ver, y te voy a explicar por qué el corazón es malo”.
5 Yo le dije: “Habla, mi Señor”.
Entonces me dijo: “Ándale, vete a pesarme cuánto pesa la lumbre, o sácame la medida de un ventarrón, o hazme que regrese un día que ya pasó”.
6 Le contesté y le dije: “¿Y quién de los humanos va a poder hacer algo así, para que vengas y me pidas eso?”
7 Él me dijo: “Si yo te hubiera preguntado: ‘¿Cuántos lugares hay en el mero fondo del mar? ¿O cuántos ojos de agua hay en los manantiales de lo más profundo? ¿O cuántos arroyos hay más arriba del cielo? ¿O por dónde están las salidas del infierno? ¿O cuáles son las puertas del paraíso?’
8 a lo mejor me ibas a decir: ‘Pues yo nunca he bajado a lo hondo del mar, ni he ido a dar al infierno todavía, y tampoco me ha tocado subir al cielo’.
9 Y fíjate, nomás te pregunté de la lumbre, del aire y del día, cosas con las que vives a diario y de las que no te puedes zafar, y ni así me supiste dar una respuesta”.
10 Y luego me soltó: “No le hallas ni a las cosas que tienes a tu alrededor con las que creciste.
11 ¿Entonces cómo va a poder tu cabeza entender el camino del Altísimo? ¿Cómo va a entender de cosas puras y perfectas alguien que ya trae el desgaste de este mundo echado a perder?”
Cuando escuché todo eso, me fui de espaldas,
12 y le dije: “Hubiera estado mejor ni haber nacido, que venir a este mundo a vivir rodeados de puras cosas malas, sufrir, y ni siquiera saber el por qué”.
13 Él me contestó y me dijo: “Hubo una vez que los árboles de un bosque se pusieron de acuerdo,
14 y dijeron: ‘¡Órale! Vamos a declararle la guerra al mar, para hacerlo para atrás y hacernos dueños de más terreno para nuestros bosques’.
15 Y las olas del mar no se quedaron atrás, también hicieron junta y dijeron: ‘¡Sobres! Vamos a treparnos al bosque del llano para quitarles su lugar y hacernos más grandes’.
16 El plan del bosque no sirvió de nada, porque les cayó la lumbre y los hizo cenizas.
17 Y a las olas del mar les pasó lo mismito, porque la arena se les paró en frente y no las dejó pasar.
18 Si a ti te pusieran de juez en este pleito, ¿a quién le darías la razón y a quién le echarías la culpa?”
19 Le contesté diciendo: “Pues qué idea tan boba tuvieron los dos, porque la tierra ya se le dio a los árboles, y el mar ya tiene su lugar apartado para hacer sus olas”.
20 Y me contestó diciendo: “Juzgaste muy bien el caso. ¿Entonces por qué no juzgas el tuyo?
21 Porque así como a los árboles les toca la tierra, y al mar le tocan las olas, a los que viven en la tierra nomás les da la cabeza para entender lo que está aquí abajo. Y nomás el que vive allá arriba en el cielo le puede entender a las cosas que están más arriba de las nubes”.
22 Entonces le contesté diciendo: “Te ruego, Señor, ¿para qué me dieron entonces la capacidad de pensar y de entender?
23 Porque a mí ni por la mente me pasaba andar de metiche preguntando de cosas del cielo, yo nomás quiero entender de lo que nos pasa todos los días: por qué a Israel lo traen de bajada los paganos. A la gente que tú tanto quieres se la entregaste a unas naciones sin Dios. Las leyes de nuestros abuelos ya son letra muerta, y de los tratos que hiciste por escrito ya ni quién se acuerde.
24 Pasamos por este mundo como si fuéramos chapulines; la vida se nos va como un humito, y de plano no somos dignos de que nos tengan lástima.
25 ¿Qué va a hacer él entonces para defender su propio nombre, ese nombre que llevamos nosotros? Esas son las dudas que traigo”.
26 Y me contestó diciendo: “Si logras vivir lo suficiente te va a tocar verlo, y si duras mucho te vas a quedar con la boca abierta, porque este mundo ya lleva mucha prisa por acabarse.
27 Es que el mundo como está ahorita no aguanta todas las cosas buenas que se les prometieron a los justos para el futuro; este mundo anda lleno de tristezas y debilidades.
28 Porque ese mal del que me estás preguntando ya se sembró, y nomás falta que dé su cosecha.
29 Así que si no se corta primero esa mala cosecha, y si no se arranca el lugar donde se sembró la maldad, no va a haber espacio para el campo donde se sembró lo bueno.
30 ¡Desde el principio cayó una semillita de maldad en el corazón de Adán, y fíjate nomás cuánta maleza ha sacado hasta ahorita! ¡Y lo que falta que dé hasta que llegue la hora de la cosecha final!
31 Haz tú mismo la cuenta, y ve cuánta maldad ha salido de una sola semillita.
32 Cuando llegue el tiempo de echar a la tierra un montón de semillas incontables, ¡imagínate el tamaño del campo que van a llenar!”
33 Y yo le contesté diciendo: “¿Pero hasta cuándo? ¿Cuándo va a pasar todo esto? ¿Por qué nuestra vida es tan corta y nos va tan mal?”
34 Él me contestó diciendo: “No quieras correr más rápido que el Altísimo; porque tú traes prisa por ti mismo, pero el de arriba lleva prisa pensando en muchísima gente.
35 ¿A poco crees que las almas de los justos no preguntaron esto mismo desde donde están guardadas, diciendo: ‘¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí? ¿Para cuándo se levanta la cosecha de nuestro esfuerzo?’
36 A ellos les contestó el arcángel Jeremiel: ‘Cuando ya se junten todos los que tienen que ser como ustedes. Porque él ya pesó este mundo en una báscula.
37 Él le tiene tomada la medida a los tiempos, y tiene bien contados los días. Él no los va a mover ni a cambiar hasta que se llegue al tope de la medida’ ”.
38 Y yo le contesté: “Señor soberano, es que todos andamos llenos de pecado.
39 A la mejor, por culpa nuestra se está retrasando el día de la recompensa para los justos; por tanto pecado que hace la gente en este mundo”.
40 Y él me contestó: “Ve a buscar a una mujer embarazada, y pregúntale si cuando ya cumplió sus nueve meses, su panza puede aguantar al niño allá adentro un día más”.
41 Y le contesté: “Claro que no, Señor, no puede”.
Me dijo: “Pues en el lugar de los muertos, los cuartos donde están las almas son igualitos a una panza embarazada.
42 Así como la mujer que está dando a luz quiere que ya se acabe el dolor y le apura para que salga el niño, esos lugares también tienen prisa por soltar todas las cosas que les encargaron desde el principio.
43 Ya cuando pase eso, vas a poder ver todas esas cosas que tienes tantas ganas de saber”.
44 Yo le contesté: “Si de verdad no te caigo mal, y si se puede, y si me lo merezco,
45 enséñame también esto: ¿Falta más tiempo por delante, o es más lo que ya quedó atrás?
46 Porque de lo que ya pasó, pues sí sé, pero no tengo ni idea de lo que viene”.
47 Y me dijo: “Párate aquí de mi lado derecho, y te voy a explicar la historia con un ejemplo”.
48 Me paré, me fijé, y en eso vi que pasaba por enfrente de mí un horno prendido, echando unas llamaradas bárbaras. Y me fijé que después de que pasó el golpe de la lumbre, se quedó el puro humo.
49 En seguida pasó una nube negra, bien cargada de agua, y soltó un aguacero con tormenta y toda la cosa. Cuando ya se calmó el aguacerazo, todavía quedaron unas gotitas ahí cayendo.
50 Luego me dijo: “Sácale cuentas tú solo: así como fue muchísimo más el agua que llovió que las gotitas que sobraron, y la lumbre fue mucho más grande que el humo, así el tiempo que ya pasó es muchísimo mayor; y lo que nos queda por delante son las puras gotitas y el humo”.
51 Entonces le rogué y le dije: “¿A poco crees que me alcance la vida hasta esos días? ¿O a quién le va a tocar estar vivo para entonces?”
52 Me contestó: “De las señales que me andas preguntando, a lo mejor te puedo contar unas cuantas; pero no me mandaron para adivinarte cuánto vas a vivir, la verdad no sé.