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Algunos de los guardias dijeron que, cuando ya la iban a agarrar a ella para matarla, se aventó solita al fuego antes de dejar que le tocaran el cuerpo. ¡Madre, tú que junto con tus siete hijos acabaste con la violencia del tirano, arruinaste sus malas intenciones y le enseñaste a todos la nobleza de la fe! Porque tú, como una casa bien plantada sobre las columnas que eran tus hijos, aguantaste el golpe de las torturas sin ni siquiera tambalearte. ¡Anímate, entonces, madre de mente santa! Agárrate fuerte de la esperanza que te da tu firmeza en Dios. Ni la luna se ve tan hermosa con las estrellas en el cielo, como te ves tú, llena de honores delante de Dios, y puesta en el firmamento junto con tus hijos, a los que iluminaste con la religión hasta llegar a las estrellas. Porque la forma en que diste a luz a tus hijos fue digna de una hija de Abraham.
Si se pudiera pintar en un cuadro la fe de tu historia, a la gente no le daría miedo ver a la madre de siete hijos aguantando por su religión todo tipo de torturas hasta la muerte. Habría valido la pena escribir en su misma tumba estas palabras para que toda la nación lo recordara: “Aquí están enterrados un sacerdote anciano, una señora mayor y siete hijos, víctimas de la violencia de un tirano que quería acabar con el pueblo de los hebreos. 10 Ellos también vengaron a su nación, con los ojos puestos en Dios y aguantando los tormentos hasta la muerte”. 11 Porque lo que hicieron fue de verdad una competencia divina. 12 Porque en ese momento la virtud fue la que dirigió la competencia, y les dio el premio por aguantar hasta el final: la inmortalidad y la vida eterna. 13 Eleazar fue el primero en pelear. La madre de los siete entró a la competencia, y los hermanos también le entraron. 14 El tirano era el rival; y el mundo y la humanidad entera fueron el público. 15 El respeto a Dios fue el que ganó, y le puso la corona a sus propios atletas. 16 ¿Acaso hubo alguien que no admirara a esos campeones de la verdadera ley? ¿Quién no se quedó con la boca abierta? 17 El mismo tirano y todos sus consejeros admiraron su resistencia, 18 y por eso, ellos ahora están junto al trono de Dios viviendo una vida llena de bendiciones. 19 Porque Moisés dice: “Todos los santos están en tus manos”. 20 Así que ellos, habiendo sido santificados a través de Dios, no solo recibieron este honor, sino que gracias a ellos el enemigo no pudo vencer a nuestra nación. 21 A ese tirano lo castigaron y el país quedó limpio. 22 Porque ellos sirvieron como el rescate para pagar el pecado de la nación. La Providencia Divina salvó a Israel, que antes estaba sufriendo mucho, por la sangre de esa gente devota y por su muerte que logró calmar la ira. 23 Porque el tirano Antíoco, al ver el valor tan grande y cómo aguantaban las torturas, les puso ese ejemplo de aguante a sus propios soldados. 24 Y esto le sirvió para que sus soldados fueran nobles y valientes en las batallas por tierra y en los sitios de las ciudades; y así pudo conquistar y tomar a la fuerza los pueblos de todos sus enemigos.