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Hijos israelitas, descendientes de Abraham, obedezcan esta ley y sean devotos en todo lo que hagan, sabiendo que la razón religiosa es la dueña de las emociones, no solo de las de adentro, sino también de las de afuera.
Por eso, a esas personas que entregaron sus cuerpos al dolor por amor a su religión, no solo los admiró la gente, sino que Dios los consideró dignos de recibir una parte en el cielo. Gracias a ellos, la nación consiguió la paz, y volviendo a obedecer la ley en su país, lograron correr al enemigo de sus tierras. El tirano Antíoco recibió su castigo en esta tierra, y lo sigue pagando ahora que está muerto; porque al darse cuenta de que nunca iba a poder obligar a los israelitas a tomar costumbres extranjeras y a dejar el estilo de vida de sus padres, se fue de Jerusalén y le declaró la guerra a los persas. La madre justa de los siete hijos también les dijo esto a sus muchachos: “Yo fui una virgen pura, y nunca anduve fuera de la casa de mi papá, sino que cuidé bien de esa costilla de la que se hizo a la mujer. Ningún bandido del desierto ni abusador del campo me hizo daño, ni tampoco la víbora tramposa y destructora me robó mi virginidad y mi pureza. Yo me quedé con mi esposo durante los años de mi juventud. Y cuando ustedes, mis hijos, ya estaban grandes, su papá se murió. ¡Qué hombre tan bendecido! Porque al buscar una vida llena de hijos, nunca le tocó sufrir la tristeza de perderlos. 10 Cuando todavía estaba con ustedes, él les enseñaba la ley y a los profetas. 11 Les leía la historia de cuando Caín mató a Abel, de cuando ofrecieron a Isaac en sacrificio, y de cuando metieron a José a la cárcel. 12 Les platicaba del entusiasmo de Finees, y les contaba de Ananías, Azarías y Misael en el horno de fuego. 13 Siempre le daba la gloria a Daniel, que estuvo en la cueva de los leones, y decía que era un hombre bendecido. 14 Él les recordaba lo que escribió Isaías, cuando dice: “Aunque pases por el fuego, no te vas a quemar”. 15 Les cantaba las canciones de David, que escribía himnos y dice: “Muchas son las aflicciones del justo”. 16 Les recitaba los proverbios de Salomón, que dice: “Él es un árbol de vida para todos los que hacen su voluntad”. 17 Él les confirmaba lo que dijo Ezequiel: “¿Acaso van a vivir estos huesos secos?” 18 Porque no se le olvidó el canto que nos enseñó Moisés, que dice: “Yo quito la vida, y yo la devuelvo”. 19 Esa es nuestra vida y lo que van a durar nuestros días.
20 ¡Ay, ese día tan amargo, y a la vez no tan amargo, cuando el cruel tirano de los griegos, tratando de apagar el fuego con más fuego en sus ollas hirviendo, y lleno de un coraje que le quemaba por dentro, llevó a los siete hijos de esta hija de Abraham a la cama de tortura y a todos sus tormentos! 21 Les picó los ojos, les cortó la lengua, y los mató con todo tipo de torturas. 22 Por eso mismo, el castigo de Dios persiguió y seguirá persiguiendo a ese miserable y desgraciado. 23 Pero los hijos de Abraham, junto con su madre victoriosa, ya están todos juntos en el coro de su padre, porque recibieron de Dios almas puras que nunca van a morir. 24 A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.