6
1 Cuando Eleazar les contestó de esta manera a las presiones del tirano, los guardias con lanzas se acercaron y lo arrastraron a la fuerza hacia los aparatos de tortura.
2 Primero, le quitaron la ropa al anciano, quien estaba adornado con la belleza de su fe.
3 Luego, amarrándole los brazos y las manos hacia atrás, lo agarraron a latigazos con mucho desprecio.
4 Un guardia que estaba enfrente le gritó: “¡Obedece las órdenes del rey!”
5 Pero Eleazar, con una mente superior y una gran nobleza, no le hizo caso, como si la tortura fuera solo un sueño.
6 En lugar de eso, levantando los ojos hacia el cielo, aguantó cómo los latigazos le arrancaban la carne de su cuerpo de anciano, mientras la sangre le escurría y le perforaban los costados.
7 Cuando cayó al suelo porque su cuerpo ya no tenía fuerzas para aguantar tanto dolor, todavía mantuvo su razón firme y sin doblarse.
8 Entonces uno de los crueles guardias se le fue encima y empezó a patearle las costillas para obligarlo a pararse otra vez después de haberse caído.
9 Pero él aguantó los dolores, despreció tanta crueldad y se mantuvo firme a pesar de las humillaciones.
10 Como un gran atleta, el anciano logró vencer a sus torturadores aun mientras lo golpeaban.
11 Con la cara bañada en sudor y respirando a duras penas, hasta los mismos torturadores se quedaron admirados de su valentía.
12 Por eso, en parte por lástima a sus años de vejez,
13 en parte por la simpatía de conocerlo, y en parte por admiración a su gran aguante, algunos de los ayudantes del rey le dijeron:
14 “¿Por qué te estás destruyendo así sin razón, Eleazar, pasando por todas estas miserias?
15 Te vamos a traer un poco de carne preparada por ti mismo, y así te salvas haciendo como que ya comiste carne de puerco”.
16 Eleazar, como si esas palabras lo torturaran todavía más, gritó:
17 “Que nosotros, los hijos de Abraham, no nos dejemos llevar por tan malos consejos como para rendirnos y ponernos a fingir algo que no está bien.
18 Porque no tendría sentido que, después de haber vivido con la verdad hasta esta edad, y habiendo cuidado con tanto esfuerzo nuestra reputación por ello, ahora nos echemos para atrás
19 y nos convirtamos en un mal ejemplo para los jóvenes, enseñándoles a comer cosas impuras.
20 Sería una vergüenza que viviéramos un poquito más de tiempo, solo para que todos nos desprecien por cobardes,
21 y que el tirano nos condene por cobardía al no haber peleado hasta la muerte por nuestra ley divina.
22 Por lo tanto, ustedes, hijos de Abraham, mueran con nobleza por su religión.
23 Y ustedes, guardias del tirano, ¿por qué se tardan?”
24 Al verlo tan firme ante la desgracia, y sin que su lástima lo hiciera cambiar de opinión, se lo llevaron al fuego.
25 Ahí, con sus aparatos malvados, lo quemaron en el fuego y le echaron líquidos apestosos por la nariz.
26 Ya cuando se estaba quemando hasta los huesos y a punto de dar su último suspiro, levantó los ojos a Dios y dijo:
27 “Tú sabes, oh Dios, que aunque me pude haber salvado, estoy siendo asesinado por causa de la ley en medio de estas torturas de fuego.
28 Ten misericordia de tu pueblo, y confórmate con el castigo que me están dando por causa de ellos.
29 Que mi sangre sirva para purificarlos, y toma mi vida a cambio de las suyas”.
30 Diciendo esto, el santo hombre murió con nobleza en medio de sus tormentos, y hasta en las agonías de la muerte resistió en su mente por el bien de la ley.
31 Queda claro, entonces, que la razón religiosa es la dueña de las emociones.
32 Porque si las emociones hubieran sido más fuertes que la razón, yo les habría dado la victoria a ellas.
33 Pero ahora, como la razón venció a las emociones, con toda justicia le damos el lugar de autoridad.
34 Es justo que reconozcamos que el poder le pertenece a la razón, ya que puede dominar hasta los sufrimientos de afuera.
35 Sería ridículo si no fuera así. Yo les pruebo que la razón no solo ha logrado dominar el dolor, sino que también es superior a los placeres y sabe cómo resistirlos.