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La razón de nuestro padre Eleazar, como un capitán de primera, manejando el barco de su fe en el mar de las emociones, y aguantando las burlas y amenazas del tirano, y hundido bajo las olas de la tortura, nunca soltó el timón de su fe hasta que llegó al puerto de la victoria sobre la muerte. Ninguna ciudad rodeada de enemigos ha aguantado tantas máquinas de guerra como lo hizo aquel hombre santo, cuando su alma devota fue puesta a prueba con el fuego de las torturas y la rueda de tormentos, y logró conmover a los que lo atacaban con la razón religiosa que le servía de escudo. Porque el padre Eleazar, usando su gran determinación, rompió las olas salvajes de las emociones como si fuera una roca firme frente al mar. ¡Oh sacerdote que eres digno de tu cargo! No ensuciaste tus dientes sagrados, ni dejaste que tu apetito, que siempre se había mantenido limpio y dentro de la ley, participara de algo profano. ¡Oh hombre que vivías de acuerdo a la ley, sabio entregado a una vida divina! Así deberían ser todos los que cumplen los deberes de la ley arriesgando su propia sangre, y que la defienden sudando la gota gorda a través de sufrimientos hasta la muerte. Tú, padre, dejaste muy en alto nuestra forma de gobierno con tu aguante; y dándole mucho valor a nuestro servicio pasado, evitaste que se destruyera, y con tus acciones demostraste que las palabras de la filosofía son ciertas. 10 ¡Oh anciano con más poder que las torturas, viejito más fuerte que el fuego, gran rey sobre las emociones, Eleazar! 11 Porque así como nuestro padre Aarón, armado con un incensario y corriendo a través del fuego destructor, venció al ángel que traía las llamas, 12 de la misma forma, Eleazar, descendiente de Aarón, mientras se iba consumiendo por el fuego, nunca soltó su razón. 13 Y lo más impresionante es que, aunque era un anciano, y aunque las fuerzas de su cuerpo ya se habían acabado, sus músculos estaban flojos y sus tendones gastados, recuperó su juventud. 14 Con la fuerza de la razón, y con esa misma razón de Isaac, logró dejar sin efecto la rueda de tortura y sus muchas puntas. 15 Oh vejez bendita, y cabeza llena de canas digna de respeto, y vida obediente a la ley, la cual quedó perfeccionada con el sello fiel de la muerte. 16 Así que, si un anciano, por su religión, pudo despreciar las torturas incluso hasta la muerte, entonces queda claro que la razón religiosa es la que manda sobre las emociones. 17 Pero tal vez alguien diga: “No todos logran vencer sus emociones, porque no todos tienen una razón tan sabia”. 18 Pero los que han meditado en la religión con todo su corazón, son los únicos que pueden dominar las emociones de la carne: 19 los que creen que para Dios ellos no mueren; porque, igual que nuestros antepasados Abraham, Isaac y Jacob, ellos viven para Dios. 20 Así que, este detalle de que algunos con mente débil se dejen dominar por sus emociones, no es ninguna excusa. 21 Porque, ¿qué persona, que camina con devoción por todas las reglas de la filosofía, y que cree en Dios, 22 y que sabe que es una gran bendición aguantar todo tipo de problemas por la virtud, no lograría dominar sus emociones por causa de su religión? 23 Porque solo el hombre sabio y valiente es el dueño de sus emociones. 24 Por esta razón es que hasta los muchachos, al ser entrenados en la filosofía de la razón religiosa, han podido vencer torturas todavía más amargas; 25 porque cuando el tirano fue claramente derrotado en su primer intento, al no poder obligar al anciano a comer la carne impura,