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“El rey Ptolomeo Filopátor a los comandantes en todo Egipto, y a todos los encargados del gobierno, alegría y fuerza. Nosotros también estamos bien, junto con nuestros hijos. Dios ha dirigido nuestros asuntos tal como queríamos. Algunos de nuestros amigos, con muy mala intención, nos insistieron mucho para que castigáramos a todos los judíos de nuestro reino, imponiéndoles un castigo monstruoso. Nos hicieron creer que a nuestro gobierno nunca le iría bien hasta que hiciéramos esto. Decían que era por el odio que los judíos le tenían a toda la demás gente. Nos los trajeron amarrados con cadenas pesadas como si fueran esclavos, o peor, traidores. Sin investigar ni preguntar nada, trataron de desaparecerlos. Se portaron con una crueldad salvaje, peor que las costumbres de los escitas. Por esto los amenazamos muy fuerte; pero, con la compasión que siempre le mostramos a toda la gente, al final los dejamos vivir. Al darnos cuenta de que el Dios del cielo protegió a los judíos como con un escudo para salvarlos, y que peleó por ellos como un padre siempre defiende a sus hijos, y tomando en cuenta su firmeza y lealtad hacia nosotros y hacia nuestros antepasados, los hemos declarado inocentes de cualquier cargo, como debe ser. Los hemos mandado de regreso a sus casas, ordenándole a toda la gente en todas partes que no les hagan ningún daño, ni los insulten injustamente por lo que pasó antes. Porque sepan esto: si se nos ocurre hacerles alguna maldad, o hacerlos sufrir de cualquier forma, vamos a tener como nuestro enemigo no a un hombre, sino al Dios altísimo, el dueño de todo poder. De Él nadie se va a poder escapar cuando venga a cobrar venganza por esas cosas. Que estén bien”.
10 Cuando recibieron esta carta, no salieron corriendo luego luego. Le pidieron permiso al rey para darle un buen castigo a los de su misma gente que por su propia voluntad habían ofendido al Dios santo y a la ley de Dios. 11 Le explicaron que los hombres que por puro interés personal habían roto las leyes de Dios, nunca iban a ser leales a los intereses del rey. 12 El rey les dio la razón en esto y los felicitó. Les dio todo el poder, sin necesidad de papeles o permisos especiales, para acabar con aquellos que se habían atrevido a romper la ley de Dios en cualquier parte de los territorios del rey. 13 Sus sacerdotes, como era de esperarse, se despidieron de él deseándole lo mejor, y todo el pueblo hizo eco diciendo: “¡Aleluya!”. Después se fueron muy contentos. 14 Entonces castigaron y mataron sin piedad a cada judío traidor que se cruzó en su camino, 15 acabando de esta manera, en ese mismo día, con más de trescientos hombres, y celebrando la muerte de estos malvados como una ocasión de alegría. 16 Ellos, que se habían mantenido fieles a su Dios hasta la muerte y habían disfrutado de una salvación completa, salieron de la ciudad adornados con coronas de flores hermosas de todo tipo. Entre gritos de alegría, cantos de alabanza y hermosos himnos, le dieron las gracias al Dios de sus antepasados, el Salvador eterno de Israel. 17 Cuando llegaron a Tolemaida, a la que le decían la “Ciudad de las Rosas” por lo especial de la zona, donde los barcos los esperaron siete días de acuerdo a lo que todos querían, 18 armaron un banquete para celebrar su salvación, ya que el rey les dio todo lo necesario para que pudieran regresar a casa sin problemas. 19 Así que regresaron en paz, mientras daban gracias como era debido; y decidieron celebrar estos días con mucha alegría por todo el tiempo que vivieran como extranjeros. 20 Anotaron estos días como sagrados en un pilar, después de dedicar el lugar de su fiesta para que fuera un lugar de oración. Se fueron sanos y salvos, libres y rebosantes de alegría, protegidos por la orden del rey, viajando por tierra, mar y río, cada uno a su propia casa. 21 Ahora tenían más respeto que antes entre sus enemigos; los honraban y les tenían miedo. Nadie se atrevió a robarles nada de sus cosas. 22 A cada quien se le devolvió lo suyo, todo de acuerdo al inventario, y los que se habían quedado con sus cosas se las regresaron muertos de miedo. Porque el Dios Supremo hizo grandes maravillas para salvarlos. 23 ¡Bendito sea el Redentor de Israel para siempre! Amén.